Mostrando entradas con la etiqueta NIÑOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NIÑOS. Mostrar todas las entradas
La edad de la amistad íntima (7 a 12 años)
"Es mi mejor amigo", será una frase que comenzaremos a escuchar muy a menudo. Pronto no oiremos hablar más que de Marcos o de Rocío y, en seguida, le tendremos durmiendo en casa alguna noche que otra. Bueno, es un decir, porque se pasarán varias horas hablando de sus mil cosas.
Tener un amigo es siempre tener un tesoro, pero encontrar un amigo íntimo en la infancia hace que el valor de esta relación se incremente en muchos quilates.
Alrededor de los ocho años, los amigos "íntimos" o "especiales" comenzarán a desempeñar un papel importante.
Ahora, con el nacimiento de su intimidad y su apertura al mundo exterior, la relación con los amigos del colegio y de la zona será más personal e íntima.
Tenderá a formar grupos de amigos de su mismo sexo, pero muy probablemente congenie especialmente con uno: su mejor amigo.
Cuenta conmigo
A estas edades, un amigo íntimo proporciona una seguridad adicional a la que nuestro hijo encuentra en casa. Comprobará que en la calle, en el colegio, también puede encontrar personas de las que fiarse: su mejor amigo. Así, crecerá confiado, seguro y equilibrado. Al apoyarse uno a otro, su autoestima (la de los dos) se verá incrementada.
El gran argumento que le llenará de satisfacción será "es mi mejor amigo". Como puede contar con su amigo íntimo, nuestro hijo será capaz de comportarse de maneras insospechadas en el colegio o en la calle. Sin embargo, delante de los padres o en casa parecerá un angelito.
"¡No es posible que mi hijo...!", podrá escapársenos. Sin embargo, sí es posible, porque con su amigo puede llegar hasta el fin del mundo. Se trata de un paso lógico y bueno en su proceso de autonomía con respecto a los padres.
Un amigo: un espejo
Al amigo íntimo se confían todo tipo de secretos, de anhelos, de aficiones, de primeros amores, de sueños, de enfados... Y el modo de asimilar todas estas situaciones dependerá mucho de la opinión del amigo y de su experiencia.
Un buen amigo íntimo puede ayudarle a pensar siempre bien de los demás, a pensar siempre con optimismo ("lo conseguiremos"), etc. Pero por la misma razón, también puede deformarle si no hace más que criticar a sus compañeros o si echa abajo todos los sueños del amigo.
Amplitud de miras
Una amistad íntima es, en principio, beneficiosa para nuestro hijo. Pero si se lleva hacia alguno de sus extremos, puede tener algún efecto negativo.
Por ejemplo, si en esa amistad se llega a un grado tal de intensidad que se cierren en su mundo y no se abran, justo lo contrario de lo que debería conseguir.
Así se convertirían en poco sociales y no tendrían amigos en clase, irían siempre juntos sin comprobar la riqueza que pueden aportar otros amigos distintos. En vez de ampliar su radio de acción, una amistad íntima mal entendida puede llegar a constreñir su visión del mundo.
Personalidades distintas
También puede ocurrir que en esa relación de amistad íntima se produzca un desequilibrio de personalidades... en el que puede salir perjudicado nuestro hijo.
Cuando el carácter, los puntos de vista, el empuje, etc. de los dos chicos o chicas es fuerte, aunque con sus peculiaridades, no hay problema alguno. Al revés, se van limando aristas, aprenden a ceder, lo mismo que a llevar adelante lo que se proponen.
Resulta problemático, por el contrario, cuando uno de los dos tiene una personalidad débil, pues (sin mala fe por ninguna parte) puede acabar dominado, sin poder desarrollar su iniciativa, anulada su personalidad.
Siempre hará lo que el otro le diga, seguirá ciegamente a su amigo, etc. Y esto es igual de negativo si nuestro hijo tiene vena de dominador y encuentra una víctima ideal en su amigo íntimo: no sabrá compartir, trabajar en equipo... sino tiranizar.
¿Un tesoro?
Quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Pero quizá habría que glosar un poco más esta afirmación: Es quien tiene un buen amigo, el que tiene un tesoro; el otro, el que cuenta con uno malo, tiene un enemigo dentro de casa.
Si se trata de un buen chico, ambos se apoyarán y empujarán para portarse bien y, aunque hagan travesuras, se desarrollarán adecuadamente. Pero, por el mismo motivo, también es más fácil portarse mal si el amigo tiene malas inclinaciones.
Las conversaciones periódicas con el profesor de nuestro hijo no sólo deben tratar sobre el rendimiento académico; también hay que preguntar cuántos amigos tiene, cuál y cómo es su mejor amigo, si domina a los demás chicos o, al contrario, es dominador...
Tenga o no un amigo íntimo podemos procurar que se relacione con más gente. Por ejemplo, ilusionándoles con alguna actividad extraescolar, deporte de equipo etc. donde encontrará más amigos. Deberán ser actividades más colectivas que individuales, para que se interrelacione.
A estas edades, pasar la noche en casa del mejor amigo es una de las experiencias más atractivas. No debe darnos miedo dejarle: sólo hay que controlar que se porte bien y que no se convierta en demasiado habitual.
Papel de los padres
Una relación de amistad especialmente íntima puede ayudar mucho a nuestro hijo, siempre que no se convierta en exclusiva. Preguntando a sus profesores del colegio, hablando con él, invitando a sus amigos a casa de vez en cuando... podremos ir conociendo como desarrolla sus amistades.
Otra gran fuente de información son los padres del otro chico, para actuar conjuntamente si es necesario. Nosotros conocemos a nuestro hijo y sabemos si puede existir un desequilibrio de personalidades pernicioso, en cualquiera de los dos sentidos, pues salen perdiendo ambos amigos.
La amistad no es ni dominio ni sumisión. Si así ocurre, o si el ejemplo del amigo resulta pernicioso, habrá que procurar cortar esa relación a tiempo.
Del mismo modo, deberemos estar muy atentos al tipo de amigos de nuestro hijo. Ya sabemos que tiene que relacionarse con mucha gente distinta, pero debemos estar atentos a aquellos que cercanos a su intimidad sean buenos chicos.
Actuar en positivo
Si se da alguno de estos problemas con los amigos íntimos, hay que actuar, aunque habrá que proceder de una manera delicada e indirecta.
No podemos oponernos frontalmente porque podríamos conseguir que nuestro hijo se rebele ante lo que considera injusto bajo su punto de vista.
Al contrario, con cintura y mano izquierda podemos llegar a ser más eficaces. Por ejemplo, ofreciéndole alternativas más atractivas que irse con su amigo; relacionarse más con los primos y familiares; ponerle en un grupo de trabajo distinto de clase; organizar fiestas...
En varios casos, a los padres no les ha quedado más remedio que actuar con contundencia, separando de clases, incluso de colegios, a sus hijos.
Aunque al principio esta separación sea algo traumática, enseguida se comprueba que era necesaria y beneficiosa. En poco tiempo hacen más amigos y entienden, en la práctica, los peligros de una amistad demasiado exclusivista.
A lo largo de su vida, chicos y chicas han de cultivar la amistad con personas distintas y les costará más si ahora se aíslan con su amigo íntimo.
La solución no reside siempre en cortar por lo sano esa relación de intimidad cuando puede ser perjudicial. A veces es mejor fomentar amistades paralelas, fuera de la exclusividad del amigo íntimo. Lo importante es que aprovechen todas las oportunidades de una buena amistad...
¿Varios amigos íntimos?
No es imprescindible que nuestro hijo tenga un amigo íntimo. Todo depende de cada uno. Lo que resulta básico es que cuente con varios amigos, mejor si se trata de "buenos amigos".
Si nuestro hijo está integrado en el colegio y en el vecindario, si tiene tres o cuatro amigos con los que puede contar, aunque ninguno al que pueda llamársele íntimo... no hay que actuar, sino cuidar, como es normal, de que sean amigos convenientes.
Sin embargo, si nuestro hijo no esté realmente integrado en los círculos normales, en este caso, un amigo íntimo puede ayudarle. Pero el objetivo es que tenga amigos, no sólo uno especial: lo importante es una amistad enriquecedora.
Por: Ignacio Iturbe. Revista Hacer Familia.
Tener un amigo es siempre tener un tesoro, pero encontrar un amigo íntimo en la infancia hace que el valor de esta relación se incremente en muchos quilates.
Alrededor de los ocho años, los amigos "íntimos" o "especiales" comenzarán a desempeñar un papel importante.
Ahora, con el nacimiento de su intimidad y su apertura al mundo exterior, la relación con los amigos del colegio y de la zona será más personal e íntima.
Tenderá a formar grupos de amigos de su mismo sexo, pero muy probablemente congenie especialmente con uno: su mejor amigo.
Cuenta conmigo
A estas edades, un amigo íntimo proporciona una seguridad adicional a la que nuestro hijo encuentra en casa. Comprobará que en la calle, en el colegio, también puede encontrar personas de las que fiarse: su mejor amigo. Así, crecerá confiado, seguro y equilibrado. Al apoyarse uno a otro, su autoestima (la de los dos) se verá incrementada.
El gran argumento que le llenará de satisfacción será "es mi mejor amigo". Como puede contar con su amigo íntimo, nuestro hijo será capaz de comportarse de maneras insospechadas en el colegio o en la calle. Sin embargo, delante de los padres o en casa parecerá un angelito.
"¡No es posible que mi hijo...!", podrá escapársenos. Sin embargo, sí es posible, porque con su amigo puede llegar hasta el fin del mundo. Se trata de un paso lógico y bueno en su proceso de autonomía con respecto a los padres.
Un amigo: un espejo
Al amigo íntimo se confían todo tipo de secretos, de anhelos, de aficiones, de primeros amores, de sueños, de enfados... Y el modo de asimilar todas estas situaciones dependerá mucho de la opinión del amigo y de su experiencia.
Un buen amigo íntimo puede ayudarle a pensar siempre bien de los demás, a pensar siempre con optimismo ("lo conseguiremos"), etc. Pero por la misma razón, también puede deformarle si no hace más que criticar a sus compañeros o si echa abajo todos los sueños del amigo.
Amplitud de miras
Una amistad íntima es, en principio, beneficiosa para nuestro hijo. Pero si se lleva hacia alguno de sus extremos, puede tener algún efecto negativo.
Por ejemplo, si en esa amistad se llega a un grado tal de intensidad que se cierren en su mundo y no se abran, justo lo contrario de lo que debería conseguir.
Así se convertirían en poco sociales y no tendrían amigos en clase, irían siempre juntos sin comprobar la riqueza que pueden aportar otros amigos distintos. En vez de ampliar su radio de acción, una amistad íntima mal entendida puede llegar a constreñir su visión del mundo.
Personalidades distintas
También puede ocurrir que en esa relación de amistad íntima se produzca un desequilibrio de personalidades... en el que puede salir perjudicado nuestro hijo.
Cuando el carácter, los puntos de vista, el empuje, etc. de los dos chicos o chicas es fuerte, aunque con sus peculiaridades, no hay problema alguno. Al revés, se van limando aristas, aprenden a ceder, lo mismo que a llevar adelante lo que se proponen.
Resulta problemático, por el contrario, cuando uno de los dos tiene una personalidad débil, pues (sin mala fe por ninguna parte) puede acabar dominado, sin poder desarrollar su iniciativa, anulada su personalidad.
Siempre hará lo que el otro le diga, seguirá ciegamente a su amigo, etc. Y esto es igual de negativo si nuestro hijo tiene vena de dominador y encuentra una víctima ideal en su amigo íntimo: no sabrá compartir, trabajar en equipo... sino tiranizar.
¿Un tesoro?
Quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Pero quizá habría que glosar un poco más esta afirmación: Es quien tiene un buen amigo, el que tiene un tesoro; el otro, el que cuenta con uno malo, tiene un enemigo dentro de casa.
Si se trata de un buen chico, ambos se apoyarán y empujarán para portarse bien y, aunque hagan travesuras, se desarrollarán adecuadamente. Pero, por el mismo motivo, también es más fácil portarse mal si el amigo tiene malas inclinaciones.
Las conversaciones periódicas con el profesor de nuestro hijo no sólo deben tratar sobre el rendimiento académico; también hay que preguntar cuántos amigos tiene, cuál y cómo es su mejor amigo, si domina a los demás chicos o, al contrario, es dominador...
Tenga o no un amigo íntimo podemos procurar que se relacione con más gente. Por ejemplo, ilusionándoles con alguna actividad extraescolar, deporte de equipo etc. donde encontrará más amigos. Deberán ser actividades más colectivas que individuales, para que se interrelacione.
A estas edades, pasar la noche en casa del mejor amigo es una de las experiencias más atractivas. No debe darnos miedo dejarle: sólo hay que controlar que se porte bien y que no se convierta en demasiado habitual.
Papel de los padres
Una relación de amistad especialmente íntima puede ayudar mucho a nuestro hijo, siempre que no se convierta en exclusiva. Preguntando a sus profesores del colegio, hablando con él, invitando a sus amigos a casa de vez en cuando... podremos ir conociendo como desarrolla sus amistades.
Otra gran fuente de información son los padres del otro chico, para actuar conjuntamente si es necesario. Nosotros conocemos a nuestro hijo y sabemos si puede existir un desequilibrio de personalidades pernicioso, en cualquiera de los dos sentidos, pues salen perdiendo ambos amigos.
La amistad no es ni dominio ni sumisión. Si así ocurre, o si el ejemplo del amigo resulta pernicioso, habrá que procurar cortar esa relación a tiempo.
Del mismo modo, deberemos estar muy atentos al tipo de amigos de nuestro hijo. Ya sabemos que tiene que relacionarse con mucha gente distinta, pero debemos estar atentos a aquellos que cercanos a su intimidad sean buenos chicos.
Actuar en positivo
Si se da alguno de estos problemas con los amigos íntimos, hay que actuar, aunque habrá que proceder de una manera delicada e indirecta.
No podemos oponernos frontalmente porque podríamos conseguir que nuestro hijo se rebele ante lo que considera injusto bajo su punto de vista.
Al contrario, con cintura y mano izquierda podemos llegar a ser más eficaces. Por ejemplo, ofreciéndole alternativas más atractivas que irse con su amigo; relacionarse más con los primos y familiares; ponerle en un grupo de trabajo distinto de clase; organizar fiestas...
En varios casos, a los padres no les ha quedado más remedio que actuar con contundencia, separando de clases, incluso de colegios, a sus hijos.
Aunque al principio esta separación sea algo traumática, enseguida se comprueba que era necesaria y beneficiosa. En poco tiempo hacen más amigos y entienden, en la práctica, los peligros de una amistad demasiado exclusivista.
A lo largo de su vida, chicos y chicas han de cultivar la amistad con personas distintas y les costará más si ahora se aíslan con su amigo íntimo.
La solución no reside siempre en cortar por lo sano esa relación de intimidad cuando puede ser perjudicial. A veces es mejor fomentar amistades paralelas, fuera de la exclusividad del amigo íntimo. Lo importante es que aprovechen todas las oportunidades de una buena amistad...
¿Varios amigos íntimos?
No es imprescindible que nuestro hijo tenga un amigo íntimo. Todo depende de cada uno. Lo que resulta básico es que cuente con varios amigos, mejor si se trata de "buenos amigos".
Si nuestro hijo está integrado en el colegio y en el vecindario, si tiene tres o cuatro amigos con los que puede contar, aunque ninguno al que pueda llamársele íntimo... no hay que actuar, sino cuidar, como es normal, de que sean amigos convenientes.
Sin embargo, si nuestro hijo no esté realmente integrado en los círculos normales, en este caso, un amigo íntimo puede ayudarle. Pero el objetivo es que tenga amigos, no sólo uno especial: lo importante es una amistad enriquecedora.
Por: Ignacio Iturbe. Revista Hacer Familia.
Etiquetas:
NIÑOS
¿Cómo elegir un libro para niños y niñas que están empezando a leer?
Cuando los niños empiezan a ser capaces de leer de forma independiente, hacia los 6 ó 7 años, aún no son capaces de realizar abstracciones complejas, ni de seguir razonamientos largos. Por eso sus primeros libros tienen que seguir llenos de dibujos, y el texto a leer debe ser sencillo, con frases cortas y vocabulario adaptado a su edad.
Es a partir de esta etapa, en la que muchas veces se les obliga a leer en las escuelas, cuando el niño corre riesgo de empezar a sentir rechazo por los libros, especialmente si comienza a ver la lectura como una obligación, y se empieza a sentir perseguido. También es el momento en que empiezan a leer a solas, y a menudo esa independencia nos lleva a "desentendernos" un poco del tema de la lectura, especialmente si coincide con la época en que dejamos de contarles cuentos por la noche (y no debiera ser así).
Por eso a esta edad necesitan sentirse acompañados, pero no agobiados, y para ellos es importante que nos interesemos por lo que leen, lo que aprenden de esos libros, lo que les llama la atención, e incluso que de vez en cuando, leamos un poco con ellos, o para ellos, de forma que sigan sintiendo a sus padres muy cerca. El niño está casi preparado para dar el salto a la verdadera lectura, a nutrir su cabeza con libros de forma autónoma.. Pero ellos no lo percibirán inmediatamente, y necesitan seguir alimentando la idea de que un libro es una buena forma de pasar el rato con papá y mamá. Ahora ya no llevaremos la voz cantante, ni le ayudaremos con la lectura en sí; ahora se trata de hablar del libro, de lo que dice, de lo que pensamos sobre él... es la antesala de lo que en muy poco tiempo ocurrirá en su propia cabeza, pero al principio nos necesitará más cerca, para saber qué hacer con lo que le dicen los libros.
Y así, casi sin darnos cuenta, comprobaremos que en poco tiempo lee de forma totalmente autónoma, apasionadamente, y que voluntariamente se olvida de los libros con muchos dibujos, porque encuentra más interesantes las palabras.
Teniendo en cuenta todos estos cambios, los libros más adecuados a esta edad deberían:
- Tener historias coherentes, con cierto orden y sentido, que pueda seguir fácilmente por medio de palabras. Los cuentos alocados, que pueden parecernos a nosotros mismos muy divertidos, a esta edad es mejor que sean contados, y si no esperar a que el niño se maneje mejor entre las letras. Por supuesto, esto no quita que sean historias muy imaginativas, pero dentro de una estructura principal más coherente.
- Deben seguir teniendo dibujos, pero a medida que tengan más soltura, deberán ir dejando paso al texto escrito. En este periodo los dibujos pierden importancia como medio, por lo que ya no será tan importante que sean sencillos y fácilmente comprensibles e identifiicables para el niño.
- También según crece el niño, es menos importante que la edición sea resistente y de tapa dura. A esta edad ya debe haber aprendido a respetar los libros y tratarlos con cuidado
- Finalidad: en esta época los libros y cuentos siguen siendo el mejor vehículo para enseñar valores y conocimientos. Como no leen con mucha soltura y su tiempo es limitado, deberíamos aprovechar cada una de sus lecturas para transmitirle una enseñanza.
- Es un buen momento para empezar con poesía (rimas sencillas, nada de verso libre). Ahora empiezan a captar la sonoridad de las palabras y a leer las frases de un tirón, pudiendo darles la entonación adecuada. La búsqueda de las rimas les ayuda a agilizar su capacidad lectora y a anticipar el texto.
- Aunque será bueno empezar esta época con historias cortas que puedan leer de una vez, en poco tiempo las historias podrán ser más largas, de forma que ´el niño se acostumbre a retomar una lectura donde la ha dejado. Para esto son especialmente indicados los libros formados por pequeños capítulos e historias que forman parte de un todo más amplio.
Es a partir de esta etapa, en la que muchas veces se les obliga a leer en las escuelas, cuando el niño corre riesgo de empezar a sentir rechazo por los libros, especialmente si comienza a ver la lectura como una obligación, y se empieza a sentir perseguido. También es el momento en que empiezan a leer a solas, y a menudo esa independencia nos lleva a "desentendernos" un poco del tema de la lectura, especialmente si coincide con la época en que dejamos de contarles cuentos por la noche (y no debiera ser así).
Por eso a esta edad necesitan sentirse acompañados, pero no agobiados, y para ellos es importante que nos interesemos por lo que leen, lo que aprenden de esos libros, lo que les llama la atención, e incluso que de vez en cuando, leamos un poco con ellos, o para ellos, de forma que sigan sintiendo a sus padres muy cerca. El niño está casi preparado para dar el salto a la verdadera lectura, a nutrir su cabeza con libros de forma autónoma.. Pero ellos no lo percibirán inmediatamente, y necesitan seguir alimentando la idea de que un libro es una buena forma de pasar el rato con papá y mamá. Ahora ya no llevaremos la voz cantante, ni le ayudaremos con la lectura en sí; ahora se trata de hablar del libro, de lo que dice, de lo que pensamos sobre él... es la antesala de lo que en muy poco tiempo ocurrirá en su propia cabeza, pero al principio nos necesitará más cerca, para saber qué hacer con lo que le dicen los libros.
Y así, casi sin darnos cuenta, comprobaremos que en poco tiempo lee de forma totalmente autónoma, apasionadamente, y que voluntariamente se olvida de los libros con muchos dibujos, porque encuentra más interesantes las palabras.
Teniendo en cuenta todos estos cambios, los libros más adecuados a esta edad deberían:
- Tener historias coherentes, con cierto orden y sentido, que pueda seguir fácilmente por medio de palabras. Los cuentos alocados, que pueden parecernos a nosotros mismos muy divertidos, a esta edad es mejor que sean contados, y si no esperar a que el niño se maneje mejor entre las letras. Por supuesto, esto no quita que sean historias muy imaginativas, pero dentro de una estructura principal más coherente.
- Deben seguir teniendo dibujos, pero a medida que tengan más soltura, deberán ir dejando paso al texto escrito. En este periodo los dibujos pierden importancia como medio, por lo que ya no será tan importante que sean sencillos y fácilmente comprensibles e identifiicables para el niño.
- También según crece el niño, es menos importante que la edición sea resistente y de tapa dura. A esta edad ya debe haber aprendido a respetar los libros y tratarlos con cuidado
- Finalidad: en esta época los libros y cuentos siguen siendo el mejor vehículo para enseñar valores y conocimientos. Como no leen con mucha soltura y su tiempo es limitado, deberíamos aprovechar cada una de sus lecturas para transmitirle una enseñanza.
- Es un buen momento para empezar con poesía (rimas sencillas, nada de verso libre). Ahora empiezan a captar la sonoridad de las palabras y a leer las frases de un tirón, pudiendo darles la entonación adecuada. La búsqueda de las rimas les ayuda a agilizar su capacidad lectora y a anticipar el texto.
- Aunque será bueno empezar esta época con historias cortas que puedan leer de una vez, en poco tiempo las historias podrán ser más largas, de forma que ´el niño se acostumbre a retomar una lectura donde la ha dejado. Para esto son especialmente indicados los libros formados por pequeños capítulos e historias que forman parte de un todo más amplio.
Etiquetas:
CUENTOS INFANTILES,
NIÑOS
¿Cómo elegir un cuento para un niño que ya sabe hablar con soltura, pero aún no sabe leer?
En esta edad del niño ya entenderá historias simples, y progresivamente irá pasando de los libros para niños más pequeños, a otros un poco más avanzados, en los que se cuente una historia, o se puedan identificar fácilmente unos personajes. Este es un buen momento para elegir cuentos que transmitan valores. Aunque le encantará repetir sus cuentos favoritos, empezará a buscar algo más de variedad, y tomará un papel más activo durante la lectura, tratando de dirigir la misma muchas veces. Si la afición por los libros va calando en los niños, veremos con alegría que muchas veces hacen como que leen los cuentos que ya conocen, y que muestran un interés enorme por aprender a leer: ven que tantas cosas surgen de los libros, que quieren ser capaces de vivirlas por su cuenta... ¡están empezando a amar los libros!
Esta es la época en la que la tentación de "leer" los cuentos se hace más poderosa: el niño es más autónomo, comprende el argumento, extrea significados de los dibujos... ¡cuidado! lo que más le sigue gustando del momento del cuento es contar con la dedicación de su padre o de su madre, así que toca seguir "echando el resto" en cada interpretación.
Y para ayudar un poco, aquí van algunos consejos para elegir cuentos para esta edad.
- Historias sencillas: poco a poco deberán ir pasando de cuentos sin historia, a cuentos con historias algo más elaboradas, aunque deben seguir siendo cortas y sencillas. Podrán leerse ahora los primeros cuentos, aunque seguirá siendo mejor "contar" y comentar lo que dicen las ilustraciones, adaptando el texro a cada momento particular.
- Finalidad: en esta etapa debemos centrarnos en la finalidad educativa de los cuentos. Tras ella, debemos fijarnos en la estimulación de la atención y el aumento de vocabulario.
- Resistentes. Seguirán queriendo leer el mismo cuento varios días seguidos, así que si no es de un material de calidad, acabará sufriendo. Para que puedan manejarlos con soltura, deberán ser, preferiblemente, libros grandes
- Cortos: aunque a esta edad el niño puede aumentar los periodos de atención, el cuento no debe superar los 15 minutos. Sigue siendo válida la norma de "un libro, un cuento", aunque al final de esta etapa pueden comenzar a ver libros con varios cuentos diferentes, y hacerles comprender que deberán esperar hasta el día siguiente para seguir con ellos. Como ahora les gusta más dirigir, en esta edad tienen éxito libros con varios cuentos de la misma estética, pero claramente diferenciados, que permiten al niño repetir libro, pero cambiar de cuento.
- Ilustraciones: las ilustraciones deben ser sencillas, fácilmente comprensibles a simple vista, y llenas de colorido y personajes. Según va creciendo el niño en esta etapa, el tamaño de los objetos puede ir disminuyendo, aunque en principio deben ser ilustraciones grandes, coloridas, y con formas simples, ricas en objetos y personajes, pero sin demasiados detalles.
Teniendo en cuenta estas sencillas normas, nos estaremos asegurando de que el niño disfrute de los libros aun sin saber leer, con lo que estará deseando aprender a leer y convertirse en un gran lector. Por el camino, y sin apenas darse cuenta, ya habrá aprendido muchas cosas importantes.
Esta es la época en la que la tentación de "leer" los cuentos se hace más poderosa: el niño es más autónomo, comprende el argumento, extrea significados de los dibujos... ¡cuidado! lo que más le sigue gustando del momento del cuento es contar con la dedicación de su padre o de su madre, así que toca seguir "echando el resto" en cada interpretación.
Y para ayudar un poco, aquí van algunos consejos para elegir cuentos para esta edad.
- Historias sencillas: poco a poco deberán ir pasando de cuentos sin historia, a cuentos con historias algo más elaboradas, aunque deben seguir siendo cortas y sencillas. Podrán leerse ahora los primeros cuentos, aunque seguirá siendo mejor "contar" y comentar lo que dicen las ilustraciones, adaptando el texro a cada momento particular.
- Finalidad: en esta etapa debemos centrarnos en la finalidad educativa de los cuentos. Tras ella, debemos fijarnos en la estimulación de la atención y el aumento de vocabulario.
- Resistentes. Seguirán queriendo leer el mismo cuento varios días seguidos, así que si no es de un material de calidad, acabará sufriendo. Para que puedan manejarlos con soltura, deberán ser, preferiblemente, libros grandes
- Cortos: aunque a esta edad el niño puede aumentar los periodos de atención, el cuento no debe superar los 15 minutos. Sigue siendo válida la norma de "un libro, un cuento", aunque al final de esta etapa pueden comenzar a ver libros con varios cuentos diferentes, y hacerles comprender que deberán esperar hasta el día siguiente para seguir con ellos. Como ahora les gusta más dirigir, en esta edad tienen éxito libros con varios cuentos de la misma estética, pero claramente diferenciados, que permiten al niño repetir libro, pero cambiar de cuento.
- Ilustraciones: las ilustraciones deben ser sencillas, fácilmente comprensibles a simple vista, y llenas de colorido y personajes. Según va creciendo el niño en esta etapa, el tamaño de los objetos puede ir disminuyendo, aunque en principio deben ser ilustraciones grandes, coloridas, y con formas simples, ricas en objetos y personajes, pero sin demasiados detalles.
Teniendo en cuenta estas sencillas normas, nos estaremos asegurando de que el niño disfrute de los libros aun sin saber leer, con lo que estará deseando aprender a leer y convertirse en un gran lector. Por el camino, y sin apenas darse cuenta, ya habrá aprendido muchas cosas importantes.
Etiquetas:
CUENTOS INFANTILES,
NIÑOS
¿Cómo elegir un cuento para niños que aún no saben leer, y ni siquiera saben hablar?
Inicio con este artículo una corta serie de guías con lo que, a mi juicio, deberíamos buscar en un libro para niños. Mi intención es ayudar un poco en la elección a la hora de enfrentarse a la multitud de libros que pueblan las librerías, anteponiendo principalmente criterios educativos y prácticos, sin olvidar nunca que los niños deben disfrutar de la esperiencia en torno a un libro
Comenzamos con los libros para los más pequeños de la casa, los que no sólo no saben leer, sino que ni siquiera son capaces de hablar.
Es precisamente cuando los niños aún no saben leer, cuando más importante es introducirles en el mundo de los cuentos. Cuando cada noche, justo antes de dormir, se unen a su padre o a su madre delante de un libro, para pasar juntos sólo unos minutos de diversión exclusiva con quienes más quieren, sus pequeños cerebros aprenden a asociar el libro con la mejor de las experiencias. Por eso es tan importante que leer un cuento a un niño pequeño se convierta en un momento mágico entre los dos, y por eso es tan importante elegir bien el cuento a utilizar.
Eso sí, por bueno que sea el cuento, a estas edades será fundamental dirigir la situación, interpretar, gesticular, hablar... pues el niño aún necesita del lenguage corporal para comprender las cosas.
En cualqiuer caso, he aquí unas sencillas normas para elegir cuentos para los más pequeños
La historia importa poco: su entendimiento es muy limitado, así que prácticamente dará igual el contenido real de la historia, el argumento. Por tanto mejor si es corta y simple. Es más, ni siquiera es necesario que haya una historia ni un hilo argumental. Seremos nosotros quienes dirijamos la actividad, y les invitemos a señalar un pájaro, buscar el rosa, etc...
El libro debe ser muy interactivo: a estas edades, prohibido leer. Se trata de disfrutar del momento con papá y mamá en torno a un cuento, así que será mucho más divertido explorar el libro, responder preguntas, buscar cosas. El libro, por tanto, debe ser rico en formas, texturas y colores, pero estas deben ser de tamaños amplios y claros, con objetos familiares al niño, de forma que le permitan ir ampliando su vocabulario. Un libro con dibujos especialmente artísticos y retorcidos puede quedar muy bonito a nuestros ojos, pero no será muy útil para ser explorado ni estimular sus sentidos.
Finalidad: en línea con la interactividad, se sitúan las finalidades principales de cada libro. En general, pueden dividirse en:
libros para identificar formas, colores y texturas: dirigidos a los más pequeños, son excelentes para estimular sus sentidos (aspecto fundamental de la educación temprana)
libros para mejorar la atención visual: donde el niño buscará personajes y cosas entre muchos elementos
libros para adquirir vocabulario: con objetos familiares
libros para comenzar con los números: donde lo normal será ver números y objetos para contar
libros para comunicarse: son aquellos que facilitan la comunicación entre el adulto y el niño, y requieren una interpretación muy activa por parte del adulto
A estas edades, lo adecuado será comenzar con los primeros, e ir pasando a los demás a medida que el niño se vaya desarrollando.
Resistente. Sí, de tapas duras y papel grueso, porque vamos a "manosear" el libro, y porque al niño le entusiasmará leer su libro favorito una y otra vez. Por eso también es aconsejable que el tamaño del libro sea más o menos grande.
Corto: no es bueno extender la hora del cuento más allá de los 10-15 minutos. La atención del niño no aguantará mucho más (normalmente aguantaría menos, pero es que en este caso está con papá o mamá, y eso es muy estimulante), y como probablemente querrá pasar por todas las páginas del libro antes de acostarse, mejor si se lo ponemos fácil y no tiene más de 10 ó 12. Por eso, además, a esta edad es bueno seguir la idea de "un libro, un cuento", para evitar las "luchas" a la hora de terminar un cuento y dejar el siguiente para otro día.
Pocos cuentos, pero de calidad. Esta época del niño dura relativamente poco, y sus ganas por repetir el mismo cuento harán que no sea necesario tener una gran colección. Por eso es especialmente importante que los escogidos sean buenos libros, con las características que hemos mencionado, pero variando de uno a otro su finalidad principal, tal y como vimos anteriormente.
Finalmente, una aclaración: el mejor libro para tu hijo podría no cumplir ninguna de estas guías, porque sólo tú sabes con qué libro tú y tu hijo os uniréis más y convertiréis ese momento en el mejor momento del día para el niño. Y siendo así, el objetivo de asociar la felicidad a tener un libro entre manos, estará siempre asegurado
Comenzamos con los libros para los más pequeños de la casa, los que no sólo no saben leer, sino que ni siquiera son capaces de hablar.
Es precisamente cuando los niños aún no saben leer, cuando más importante es introducirles en el mundo de los cuentos. Cuando cada noche, justo antes de dormir, se unen a su padre o a su madre delante de un libro, para pasar juntos sólo unos minutos de diversión exclusiva con quienes más quieren, sus pequeños cerebros aprenden a asociar el libro con la mejor de las experiencias. Por eso es tan importante que leer un cuento a un niño pequeño se convierta en un momento mágico entre los dos, y por eso es tan importante elegir bien el cuento a utilizar.
Eso sí, por bueno que sea el cuento, a estas edades será fundamental dirigir la situación, interpretar, gesticular, hablar... pues el niño aún necesita del lenguage corporal para comprender las cosas.
En cualqiuer caso, he aquí unas sencillas normas para elegir cuentos para los más pequeños
La historia importa poco: su entendimiento es muy limitado, así que prácticamente dará igual el contenido real de la historia, el argumento. Por tanto mejor si es corta y simple. Es más, ni siquiera es necesario que haya una historia ni un hilo argumental. Seremos nosotros quienes dirijamos la actividad, y les invitemos a señalar un pájaro, buscar el rosa, etc...
El libro debe ser muy interactivo: a estas edades, prohibido leer. Se trata de disfrutar del momento con papá y mamá en torno a un cuento, así que será mucho más divertido explorar el libro, responder preguntas, buscar cosas. El libro, por tanto, debe ser rico en formas, texturas y colores, pero estas deben ser de tamaños amplios y claros, con objetos familiares al niño, de forma que le permitan ir ampliando su vocabulario. Un libro con dibujos especialmente artísticos y retorcidos puede quedar muy bonito a nuestros ojos, pero no será muy útil para ser explorado ni estimular sus sentidos.
Finalidad: en línea con la interactividad, se sitúan las finalidades principales de cada libro. En general, pueden dividirse en:
libros para identificar formas, colores y texturas: dirigidos a los más pequeños, son excelentes para estimular sus sentidos (aspecto fundamental de la educación temprana)
libros para mejorar la atención visual: donde el niño buscará personajes y cosas entre muchos elementos
libros para adquirir vocabulario: con objetos familiares
libros para comenzar con los números: donde lo normal será ver números y objetos para contar
libros para comunicarse: son aquellos que facilitan la comunicación entre el adulto y el niño, y requieren una interpretación muy activa por parte del adulto
A estas edades, lo adecuado será comenzar con los primeros, e ir pasando a los demás a medida que el niño se vaya desarrollando.
Resistente. Sí, de tapas duras y papel grueso, porque vamos a "manosear" el libro, y porque al niño le entusiasmará leer su libro favorito una y otra vez. Por eso también es aconsejable que el tamaño del libro sea más o menos grande.
Corto: no es bueno extender la hora del cuento más allá de los 10-15 minutos. La atención del niño no aguantará mucho más (normalmente aguantaría menos, pero es que en este caso está con papá o mamá, y eso es muy estimulante), y como probablemente querrá pasar por todas las páginas del libro antes de acostarse, mejor si se lo ponemos fácil y no tiene más de 10 ó 12. Por eso, además, a esta edad es bueno seguir la idea de "un libro, un cuento", para evitar las "luchas" a la hora de terminar un cuento y dejar el siguiente para otro día.
Pocos cuentos, pero de calidad. Esta época del niño dura relativamente poco, y sus ganas por repetir el mismo cuento harán que no sea necesario tener una gran colección. Por eso es especialmente importante que los escogidos sean buenos libros, con las características que hemos mencionado, pero variando de uno a otro su finalidad principal, tal y como vimos anteriormente.
Finalmente, una aclaración: el mejor libro para tu hijo podría no cumplir ninguna de estas guías, porque sólo tú sabes con qué libro tú y tu hijo os uniréis más y convertiréis ese momento en el mejor momento del día para el niño. Y siendo así, el objetivo de asociar la felicidad a tener un libro entre manos, estará siempre asegurado
Etiquetas:
BEBES,
CUENTOS INFANTILES,
NIÑOS
Suscribirse a:
Entradas (Atom)