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Cuentos sobre valores: Amor

La mejor elección
Valor Educativo
Valorar lo importante y evitar el materialismo
Idea y enseñanza principal
Un cuento de Navidad para recordar a los niños qué es lo verdaderamente importante en estas fechas, y en todo el año
Ambientación
El Polo Norte y una ciudad
Personajes
Dos niños y Santa Claus
Cuento
Rod y Tod. Así se llamaban los 2 afortunados niños que fueron elegidos para ir a ver al mismísimo Santa Claus en el Polo Norte. Un mágico trineo fue a recogerlos a las puertas de sus casas, y volaron por las nubes entre música y piruetas. Todo lo que encontraron era magnífico, ni en sus mejores sueños lo habrían imaginado, y esperaban con ilusión ver al adorable señor de rojo que llevaba años repartiéndoles regalos cada Navidad.

Cuando llegó el momento, les hicieron pasar a una grandísima sala, donde quedaron solos. El salón se encontraba oscuro y vacío: sólo una gran mesa a su espalda, y un gran sillón al frente. Los duendes les avisaron:

- Santa Claus está muy ocupado. Sólo podréis verlo unos segunditos, así que aprovechadlo bien.

Esperaron largo rato, en silencio, pensando qué decir. Pero todo se les olvidó cuando la sala se llenó de luces y colores. Santa Claus apareció sobre el gran sillón, y al tiempo que aparecía, la gran mesa se llenaba con todos los juguetes que siempre habían deseado. ¡Qué emocionante! Mientras Tod corría a abrazar a Santa Claus, Rod se giró hacia aquella bicicleta con la que tanto había soñado. Sólo fueron unos segundos, los justos para que Tod dijera "gracias", y llegara a sentirse el niño más feliz del mundo, y para que Santa Claus desapareciera antes de que Rod llegara siquiera a mirarle. Entonces sintió que había desperdiciado su gran suerte, y lo había hecho mirando los juguetes que había visto en la tienda una y otra vez. Lloró y protestó pidiendo que volviera, pero al igual que Tod, en unas pocas horas ya estaba de regreso en casa.

Desde aquel día, cada vez que veía un juguete, sentía primero la ilusión del regalo, pero al momento se daba la vuelta para ver qué otra cosa importante estaba dejando de ver. Y así, descubrió las ojos tristes de quienes estaban solos, la pobreza de niños cuyo mejor regalo sería un trozo de pan, o las prisas de muchos otros que llevaban años sin recibir un abrazo u oír un "te quiero". Y al contrario que aquel día en el Polo Norte, en que no había sabido elegir, aprendió a caminar en la dirección correcta, ayudando a los que no tenían nada, dando amor a los que casi nunca lo tuvieron, y poniendo sonrisas en las vidas más desdichadas.
Él solo llegó a cambiar el ambiente de su ciudad, y no había nadie que no lo conociera ni le estuviera agradecido. Y una Navidad, mientras dormía, sintió que alguien le rozaba la pierna y abrió los ojos. Al momento reconoció las barbas blancas y el traje rojo, y lo rodeó con un gran abrazo. Así estuvieron un ratito, hasta que Tod dijo con un hilillo de voz acompañado por lágrimas.

- Perdóname. No supe escoger lo más importante.

Pero Santa Claus, con una sonrisa, respondió:

- Olvida eso. Hoy era yo quien tenía que elegir, y he preferido pasar un rato con el niño más bueno del mundo, antes que dejarte en la chimenea la montaña de regalos que te habías ganado. ¡Gracias!

A la mañana siguiente, no hubo ningún regalo en la chimenea de Rod. Aquella Navidad, el regalo había sido tan grande, que sólo cabía en su gran corazón.


Autor.. Pedro Pablo Sacristan
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Las arrugas
Valor Educativo
Amor a los abuelos
Elementos principales
Idea y enseñanza principal
Un pequeño homenaje a los abuelos, que siempre están dispuestos a pasar el tiempo con los niños
Ambientación
Una familia normal
Personajes
Un abuelo y su nieta
Cuento
Era un día soleado de otoño la primera vez que Bárbara se fijó en que el abuelo tenía muchísimas arrugas, no sólo en la cara, sino por todas partes.

- Abuelo, deberías darte la crema de mamá para las arrugas.

El abuelo sonrió, y un montón de arrugas aparecieron en su cara.

- ¿Lo ves? Tienes demasiadas arrugas
- Ya lo sé Bárbara. Es que soy un poco viejo... Pero no quiero perder ni una sola de mis arrugas. Debajo de cada una guardo el recuerdo de algo que aprendí.

A Bárbara se le abrieron los ojos como si hubiera descubierto un tesoro, y así los mantuvo mientras el abuelo le enseñaba la arruga en la que guardaba el día que aprendió que era mejor perdonar que guardar rencor, o aquella otra que decía que escuchar era mejor que hablar, esa otra enorme que mostraba que es más importante dar que recibir o una muy escondida que decía que no había nada mejor que pasar el tiempo con los niños...

Desde aquel día, a Bárbara su abuelo le parecía cada día más guapo, y con cada arruga que aparecía en su rostro, la niña acudía corriendo para ver qué nueva lección había aprendido. Hasta que en una de aquellas charlas, fue su abuelo quien descubrió una pequeña arruga en el cuello de la niña:

- ¿Y tú? ¿Qué lección guardas ahí?

Bárbara se quedó pensando un momento. Luego sonrió y dijo

- Que no importa lo viejito que llegues a ser abuelo, porque.... ¡te quiero!


Autor.. Pedro Pablo Sacristan
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El malvado Milisforo
Valor Educativo
El amor en la familia
Idea y enseñanza principal
La familia es tan fuerte porque está unida con amor, y por eso en ella se acepta y se perdona mil veces
Ambientación
El mundo
Personajes
Un villano muy malvado
Cuento
Hubo una vez un villano tan malvado, llamado Milisforo, que ideó un plan para acabar con todas las cosas importantes del mundo. Ayudado por sus grandes máquinas e inventos, consiguió arruinar a todos, pues inventó una poción que quitaba las ganas de trabajar. También hizo que la gente no quisiera estar junta, pues a todos infectó con un gas tan maloliente que cualquiera prefería quedarse en casa antes que encontrarse con nadie.

Cuando el mundo entero estuvo completamente patas arriba, comprobó que sólo le quedaba una cosa por destruir para dominarlo completamente: las familias. Y es que a pesar de todos sus inventos malvados, de sus gases y sus pociones, las familias seguían estando juntas. Y lo que más le fastidiaba era que todas resistían, sin importar cuántas personas había en cada una, dónde vivían, o a qué se dedicaban.

Lo intentó haciendo las casas más pequeñas, pero las familias se apretaban en menos sitio. También destruyó la comida, pero igualmente las familias compartían lo poco que tenían. Y así, continuó con sus maldades contra lo último que se le resistía en la tierra, pero nada dio resultado.
Hasta que finalmente descubrió cuál era la fuerza de todas las familias: todos se querían, y no había forma de cambiar eso. Y aunque trató de inventar algo para destruir el amor, Milisforo no lo consiguió, y triste y contrariado por no haber podido dominar el mundo, se rindió y dejó que todo volviera a la normalidad.

Acabó tan deprimido el malvado Milisforo, que sólo se le ocurrió ir a llorar a casa de sus padres y contarles lo ocurrido. Y a pesar de todas las maldades que había hecho, corrieron a abrazarle, le perdonaron, y le animaron a ser más bueno. Y es que, ¡hasta en la propia familia del malo más malo, todos se quieren y perdonan todo! ¿No es una suerte tener una familia?


Autor.. Pedro Pablo Sacristan
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La joven del bello rostro
Valor Educativo
Evitar la superficialidad
Elementos principales
Idea y enseñanza principal
No debemos apreciar las personas por su apariencia, sino por su verdadera personalidad.
Ambientación
Un reino lejano
Personajes
Una joven, un príncipe y un soldado
Cuento
Había una vez una joven de origen humilde, pero increíblemente hermosa, famosa en toda la comarca por su belleza. Ella, conociendo bien cuánto la querían los jóvenes del reino, rechazaba a todos sus pretendientes, esperando la llegada de algún apuesto príncipe. Este no tardó en aparecer, y nada más verla, se enamoró perdidamente de ella y la colmó de halagos y regalos. La boda fue grandiosa, y todos comentaban que hacían una pareja perfecta.

Pero cuando el brillo de los regalos y las fiestas se fueron apagando, la joven princesa descubrió que su guapo marido no era tan maravilloso como ella esperaba: se comportaba como un tirano con su pueblo, alardeaba de su esposa como de un trofeo de caza y era egoísta y mezquino. Cuando comprobó que todo en su marido era una falsa apariencia, no dudó en decírselo a la cara, pero él le respondió de forma similar, recordándole que sólo la había elegido por su belleza, y que ella misma podía haber elegido a otros muchos antes que a él, de no haberse dajado llevar por su ambición y sus ganas de vivir en un palacio.

La princesa lloró durante días, comprendiendo la verdad de las palabras de su cruel marido. Y se acordaba de tantos jóvenes honrados y bondadosos a quienes había rechazado sólo por convertirse en una princesa. Dispuesta a enmendar su error, la princesa trató de huir de palacio, pero el príncipe no lo consintió, pues a todos hablaba de la extraordinaria belleza de su esposa, aumentando con ellos su fama de hombre excepcional. Tantos intentos hizo la princesa por escapar, que acabó encerrada y custodiada por guardias constantemente.

Uno de aquellos guardias sentía lástima por la princesa, y en sus encierros trataba de animarle y darle conversación, de forma que con el paso del tiempo se fueron haciendo buenos amigos. Tanta confianza llegaron a tener, que un día la princesa pidió a su guardián que la dejara escapar. Pero el soldado, que debía lealtad y obediencia a su rey, no accedió a la petición de la princesa. Sin embargo, le respondió diciendo:

- Si tanto queréis huir de aquí, yo sé la forma de hacerlo, pero requerirá de un gran sacrificio por vuestra parte.

Ella estuvo de acuerdo, confirmando que estaba dispuesta a cualquier cosa, y el soldado prosiguió:

- El príncipe sólo os quiere por vuestra belleza. Si os desfiguráis el rostro, os enviará lejos de palacio, para que nadie pueda veros, y borrará cualquier rastro de vuestra presencia. Él es así de ruin y miserable.

La princesa respondió diciendo:

- ¿Desfigurarme? ¿Y a dónde iré? ¿Que será de mí, si mi belleza es lo único que tengo? ¿Quién querrá saber nada de una mujer horriblemente fea e inútil como yo?
- Yo lo haré - respondió seguro el soldado, que de su trato diario con la princesa había terminado enamorándose de ella - Para mí sois aún más bella por dentro que por fuera.

Y entonces la princesa comprendió que también amaba a aquel sencillo y honrado soldado. Con lágrimas en los ojos, tomó la mano de su guardián, y empuñando juntos una daga, trazaron sobre su rostro dos largos y profundos cortes...

Cuando el príncipe contempló el rostro de su esposa, todo sucedió como el guardían había previsto. La hizo enviar tan lejos como pudo, y se inventó una trágica historia sobre la muerte de la princesa que le hizo aún más popular entre la gente.

Y así, desfigurada y libre, la joven del bello rostro pudo por fin ser feliz junto a aquel sencillo y leal soldado, el único que al verla no apartaba la mirada, pues a través de su rostro encontraba siempre el camino hacia su corazón.


Autor.. Pedro Pablo Sacristan
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La princesa de fuego
Valor Educativo
Amor, compromiso y pasión
Elementos principales
Idea y enseñanza principal
El amor de verdad es la mayor fuerza para cambiar el mundo desde dentro, empezando por nosotros mismos
Ambientación
Un reino lejano
Personajes
Una princesa y un joven
Cuento
Hubo una vez una princesa increíblemente rica, bella y sabia. Cansada de pretendientes falsos que se acercaban a ella para conseguir sus riquezas, hizo publicar que se casaría con quien le llevase el regalo más valioso, tierno y sincero a la vez. El palacio se llenó de flores y regalos de todos los tipos y colores, de cartas de amor incomparables y de poetas enamorados. Y entre todos aquellos regalos magníficos, descubrió una piedra; una simple y sucia piedra. Intrigada, hizo llamar a quien se la había regalado. A pesar de su curiosidad, mostró estar muy ofendida cuando apareció el joven, y este se explicó diciendo:

- Esa piedra representa lo más valioso que os puedo regalar, princesa: es mi corazón. Y también es sincera, porque aún no es vuestro y es duro como una piedra. Sólo cuando se llene de amor se ablandará y será más tierno que ningún otro.

El joven se marchó tranquilamente, dejando a la princesa sorprendida y atrapada. Quedó tan enamorada que llevaba consigo la piedra a todas partes, y durante meses llenó al joven de regalos y atenciones, pero su corazón seguía siendo duro como la piedra en sus manos. Desanimada, terminó por arrojar la piedra al fuego; al momento vio cómo se deshacía la arena, y de aquella piedra tosca surgía una bella figura de oro. Entonces comprendió que ella misma tendría que ser como el fuego, y transformar cuanto tocaba separando lo inútil de lo importante.

Durante los meses siguientes, la princesa se propuso cambiar en el reino, y como con la piedra, dedicó su vida, su sabiduría y sus riquezas a separar lo inútil de lo importante. Acabó con el lujo, las joyas y los excesos, y las gentes del país tuvieron comida y libros. Cuantos trataban con la princesa salían encantados por su carácter y cercanía, y su sola prensencia transmitía tal calor humano y pasión por cuanto hacía, que comenzaron a llamarla cariñosamente "La princesa de fuego".
Y como con la piedra, su fuego deshizo la dura corteza del corazón del joven, que tal y como había prometido, resultó ser tan tierno y justo que hizo feliz a la princesa hasta el fin de sus días


Autor.. Pedro Pablo Sacristan
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Regalos de Navidad
Valor Educativo
Celebrar los auténticos valores de la Navidad
Elementos principales
Idea y enseñanza principal
Un cuento pensando en la Navidad para rescatar los valores por encima de la fiesta materialista
Ambientación
La Navidad de hoy en dia
Personajes
Los Reyes Magos, Papá Noel, fabricantes de juguetes y un niño
Cuento
La Conferencia de Regalos de Navidad de aquel año estaba llena hasta la bandera. A ella habían acudido todos los jugueteros del mundo, y muchos otros que no eran jugueteros pero que últimamente solían asistir, y los que no podían faltar nunca, los repartidores: Santa Claus y los Tres Reyes Magos. Como todos los años, las discusiones tratarían sobre qué tipo de juguetes eran más educativos o divertidos, cosa que mantenía durante horas discutiendo a unos jugueteros con otros, y sobre el tamaño de los juguetes. Sí, sí, sobre el tamaño discutían siempre, porque los Reyes y Papá Noel se quejaban de que cada año hacían juguetes más grandes y les daba verdaderos problemas transportar todo aquello...

Pero algo ocurrió que hizo aquella conferencia distinta de las anteriores: se coló un niño. Nunca jamás había habido ningún niño durante aquellas reuniones, y para cuando quisieron darse cuenta, un niño estaba sentado justo al lado de los reyes magos, sin que nadie fuera capaz de decir cuánto tiempo llevaba allí, que seguro que era mucho. Y mientras Santa Claus discutía con un importante juguetero sobre el tamaño de una muñeca muy de moda, y éste le gritaba acaloradamente "¡gordinflón, que si estuvieras más delgado más cosas te cabrían en el trineo!", el niño se puso en pie y dijo:

- Está bien, no discutáis. Yo entregaré todo lo que no puedan llevar ni los Reyes ni papá Noel.

Los asistentes rieron a carcajadas durante un buen rato sin hacerle ningún caso. Mientras reían, el niño se levantó, dejó escapar una lagrimita y se fue de allí cabizbajo...

Aquella Navidad fue como casi todas, pero algo más fría. En la calle todo el mundo continuaba con sus vidas y no se oía hablar de todas las historias y cosas preciosas que ocurren en Navidad. Y cuando los niños recibieron sus regalos, apenas les hizo ilusión, y parecía que ya a nadie le importase aquella fiesta.

En la conferencia de regalos del año siguiente, todos estaban preocupados ante la creciente falta de ilusión con se afrontaba aquella Navidad. Nuevamente comenzaron las discusiones de siempre, hasta que de pronto apareció por la puerta el niño de quien tanto se habían reído el año anterior, triste y cabizbajo. Esta vez iba acompañado de su madre, una hermosa mujer. Al verla, los tres Reyes dieron un brinco: "¡María!", y corriendo fueron a abrazarla. Luego, la mujer se acercó al estrado, tomó la palabra y dijo:

- Todos los años, mi hijo celebraba su cumpleaños con una gran fiesta, la mayor del mundo, y lo llenaba todo con sus mejores regalos para grandes y pequeños. Ahora dice que no quiere celebrarlo, que a ninguno de ustedes en realidad le gusta su fiesta, que sólo quieren otras cosas... ¿se puede saber qué le han hecho?

La mayoría de los presentes empezaron a darse cuenta de la que habían liado. Entonces, un anciano juguetero, uno que nunca había hablado en aquellas reuniones, se acercó al niño, se puso de rodillas y dijo:

- Perdón, mi Dios; yo no quiero ningún otro regalo que no sean los tuyos. Aunque no lo sabía, tú siempre habías estado entregando aquello que no podían llevar ni los Reyes ni Santa Claus, ni nadie más: el amor, la paz, y la alegría. Y el año pasado los eché tanto de menos...perdóname.

Uno tras otro, todos fueron pidiendo perdón al niño, reconociendo que eran suyos los mejores regalos de la Navidad, esos que colman el corazón de las personas de buenos sentimientos, y hacen que cada Navidad el mundo sea un poquito mejor...


Autor.. Pedro Pablo Sacristan
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Si querés ver más entra en el siguiente link:

¿Cómo elegir un libro para niños y niñas que están empezando a leer?

Cuando los niños empiezan a ser capaces de leer de forma independiente, hacia los 6 ó 7 años, aún no son capaces de realizar abstracciones complejas, ni de seguir razonamientos largos. Por eso sus primeros libros tienen que seguir llenos de dibujos, y el texto a leer debe ser sencillo, con frases cortas y vocabulario adaptado a su edad.

Es a partir de esta etapa, en la que muchas veces se les obliga a leer en las escuelas, cuando el niño corre riesgo de empezar a sentir rechazo por los libros, especialmente si comienza a ver la lectura como una obligación, y se empieza a sentir perseguido. También es el momento en que empiezan a leer a solas, y a menudo esa independencia nos lleva a "desentendernos" un poco del tema de la lectura, especialmente si coincide con la época en que dejamos de contarles cuentos por la noche (y no debiera ser así).

Por eso a esta edad necesitan sentirse acompañados, pero no agobiados, y para ellos es importante que nos interesemos por lo que leen, lo que aprenden de esos libros, lo que les llama la atención, e incluso que de vez en cuando, leamos un poco con ellos, o para ellos, de forma que sigan sintiendo a sus padres muy cerca. El niño está casi preparado para dar el salto a la verdadera lectura, a nutrir su cabeza con libros de forma autónoma.. Pero ellos no lo percibirán inmediatamente, y necesitan seguir alimentando la idea de que un libro es una buena forma de pasar el rato con papá y mamá. Ahora ya no llevaremos la voz cantante, ni le ayudaremos con la lectura en sí; ahora se trata de hablar del libro, de lo que dice, de lo que pensamos sobre él... es la antesala de lo que en muy poco tiempo ocurrirá en su propia cabeza, pero al principio nos necesitará más cerca, para saber qué hacer con lo que le dicen los libros.
Y así, casi sin darnos cuenta, comprobaremos que en poco tiempo lee de forma totalmente autónoma, apasionadamente, y que voluntariamente se olvida de los libros con muchos dibujos, porque encuentra más interesantes las palabras.

Teniendo en cuenta todos estos cambios, los libros más adecuados a esta edad deberían:

- Tener historias coherentes, con cierto orden y sentido, que pueda seguir fácilmente por medio de palabras. Los cuentos alocados, que pueden parecernos a nosotros mismos muy divertidos, a esta edad es mejor que sean contados, y si no esperar a que el niño se maneje mejor entre las letras. Por supuesto, esto no quita que sean historias muy imaginativas, pero dentro de una estructura principal más coherente.
- Deben seguir teniendo dibujos, pero a medida que tengan más soltura, deberán ir dejando paso al texto escrito. En este periodo los dibujos pierden importancia como medio, por lo que ya no será tan importante que sean sencillos y fácilmente comprensibles e identifiicables para el niño.
- También según crece el niño, es menos importante que la edición sea resistente y de tapa dura. A esta edad ya debe haber aprendido a respetar los libros y tratarlos con cuidado
- Finalidad: en esta época los libros y cuentos siguen siendo el mejor vehículo para enseñar valores y conocimientos. Como no leen con mucha soltura y su tiempo es limitado, deberíamos aprovechar cada una de sus lecturas para transmitirle una enseñanza.
- Es un buen momento para empezar con poesía (rimas sencillas, nada de verso libre). Ahora empiezan a captar la sonoridad de las palabras y a leer las frases de un tirón, pudiendo darles la entonación adecuada. La búsqueda de las rimas les ayuda a agilizar su capacidad lectora y a anticipar el texto.
- Aunque será bueno empezar esta época con historias cortas que puedan leer de una vez, en poco tiempo las historias podrán ser más largas, de forma que ´el niño se acostumbre a retomar una lectura donde la ha dejado. Para esto son especialmente indicados los libros formados por pequeños capítulos e historias que forman parte de un todo más amplio.

¿Cómo elegir un cuento para un niño que ya sabe hablar con soltura, pero aún no sabe leer?

En esta edad del niño ya entenderá historias simples, y progresivamente irá pasando de los libros para niños más pequeños, a otros un poco más avanzados, en los que se cuente una historia, o se puedan identificar fácilmente unos personajes. Este es un buen momento para elegir cuentos que transmitan valores. Aunque le encantará repetir sus cuentos favoritos, empezará a buscar algo más de variedad, y tomará un papel más activo durante la lectura, tratando de dirigir la misma muchas veces. Si la afición por los libros va calando en los niños, veremos con alegría que muchas veces hacen como que leen los cuentos que ya conocen, y que muestran un interés enorme por aprender a leer: ven que tantas cosas surgen de los libros, que quieren ser capaces de vivirlas por su cuenta... ¡están empezando a amar los libros!

Esta es la época en la que la tentación de "leer" los cuentos se hace más poderosa: el niño es más autónomo, comprende el argumento, extrea significados de los dibujos... ¡cuidado! lo que más le sigue gustando del momento del cuento es contar con la dedicación de su padre o de su madre, así que toca seguir "echando el resto" en cada interpretación.

Y para ayudar un poco, aquí van algunos consejos para elegir cuentos para esta edad.

- Historias sencillas: poco a poco deberán ir pasando de cuentos sin historia, a cuentos con historias algo más elaboradas, aunque deben seguir siendo cortas y sencillas. Podrán leerse ahora los primeros cuentos, aunque seguirá siendo mejor "contar" y comentar lo que dicen las ilustraciones, adaptando el texro a cada momento particular.
- Finalidad: en esta etapa debemos centrarnos en la finalidad educativa de los cuentos. Tras ella, debemos fijarnos en la estimulación de la atención y el aumento de vocabulario.
- Resistentes. Seguirán queriendo leer el mismo cuento varios días seguidos, así que si no es de un material de calidad, acabará sufriendo. Para que puedan manejarlos con soltura, deberán ser, preferiblemente, libros grandes
- Cortos: aunque a esta edad el niño puede aumentar los periodos de atención, el cuento no debe superar los 15 minutos. Sigue siendo válida la norma de "un libro, un cuento", aunque al final de esta etapa pueden comenzar a ver libros con varios cuentos diferentes, y hacerles comprender que deberán esperar hasta el día siguiente para seguir con ellos. Como ahora les gusta más dirigir, en esta edad tienen éxito libros con varios cuentos de la misma estética, pero claramente diferenciados, que permiten al niño repetir libro, pero cambiar de cuento.
- Ilustraciones: las ilustraciones deben ser sencillas, fácilmente comprensibles a simple vista, y llenas de colorido y personajes. Según va creciendo el niño en esta etapa, el tamaño de los objetos puede ir disminuyendo, aunque en principio deben ser ilustraciones grandes, coloridas, y con formas simples, ricas en objetos y personajes, pero sin demasiados detalles.
Teniendo en cuenta estas sencillas normas, nos estaremos asegurando de que el niño disfrute de los libros aun sin saber leer, con lo que estará deseando aprender a leer y convertirse en un gran lector. Por el camino, y sin apenas darse cuenta, ya habrá aprendido muchas cosas importantes.

¿Cómo elegir un cuento para niños que aún no saben leer, y ni siquiera saben hablar?

Inicio con este artículo una corta serie de guías con lo que, a mi juicio, deberíamos buscar en un libro para niños. Mi intención es ayudar un poco en la elección a la hora de enfrentarse a la multitud de libros que pueblan las librerías, anteponiendo principalmente criterios educativos y prácticos, sin olvidar nunca que los niños deben disfrutar de la esperiencia en torno a un libro


Comenzamos con los libros para los más pequeños de la casa, los que no sólo no saben leer, sino que ni siquiera son capaces de hablar.

Es precisamente cuando los niños aún no saben leer, cuando más importante es introducirles en el mundo de los cuentos. Cuando cada noche, justo antes de dormir, se unen a su padre o a su madre delante de un libro, para pasar juntos sólo unos minutos de diversión exclusiva con quienes más quieren, sus pequeños cerebros aprenden a asociar el libro con la mejor de las experiencias. Por eso es tan importante que leer un cuento a un niño pequeño se convierta en un momento mágico entre los dos, y por eso es tan importante elegir bien el cuento a utilizar.


Eso sí, por bueno que sea el cuento, a estas edades será fundamental dirigir la situación, interpretar, gesticular, hablar... pues el niño aún necesita del lenguage corporal para comprender las cosas.

En cualqiuer caso, he aquí unas sencillas normas para elegir cuentos para los más pequeños


La historia importa poco: su entendimiento es muy limitado, así que prácticamente dará igual el contenido real de la historia, el argumento. Por tanto mejor si es corta y simple. Es más, ni siquiera es necesario que haya una historia ni un hilo argumental. Seremos nosotros quienes dirijamos la actividad, y les invitemos a señalar un pájaro, buscar el rosa, etc...

El libro debe ser muy interactivo: a estas edades, prohibido leer. Se trata de disfrutar del momento con papá y mamá en torno a un cuento, así que será mucho más divertido explorar el libro, responder preguntas, buscar cosas. El libro, por tanto, debe ser rico en formas, texturas y colores, pero estas deben ser de tamaños amplios y claros, con objetos familiares al niño, de forma que le permitan ir ampliando su vocabulario. Un libro con dibujos especialmente artísticos y retorcidos puede quedar muy bonito a nuestros ojos, pero no será muy útil para ser explorado ni estimular sus sentidos.
Finalidad: en línea con la interactividad, se sitúan las finalidades principales de cada libro. En general, pueden dividirse en:
libros para identificar formas, colores y texturas: dirigidos a los más pequeños, son excelentes para estimular sus sentidos (aspecto fundamental de la educación temprana)
libros para mejorar la atención visual: donde el niño buscará personajes y cosas entre muchos elementos
libros para adquirir vocabulario: con objetos familiares
libros para comenzar con los números: donde lo normal será ver números y objetos para contar
libros para comunicarse: son aquellos que facilitan la comunicación entre el adulto y el niño, y requieren una interpretación muy activa por parte del adulto
A estas edades, lo adecuado será comenzar con los primeros, e ir pasando a los demás a medida que el niño se vaya desarrollando.

Resistente. Sí, de tapas duras y papel grueso, porque vamos a "manosear" el libro, y porque al niño le entusiasmará leer su libro favorito una y otra vez. Por eso también es aconsejable que el tamaño del libro sea más o menos grande.

Corto: no es bueno extender la hora del cuento más allá de los 10-15 minutos. La atención del niño no aguantará mucho más (normalmente aguantaría menos, pero es que en este caso está con papá o mamá, y eso es muy estimulante), y como probablemente querrá pasar por todas las páginas del libro antes de acostarse, mejor si se lo ponemos fácil y no tiene más de 10 ó 12. Por eso, además, a esta edad es bueno seguir la idea de "un libro, un cuento", para evitar las "luchas" a la hora de terminar un cuento y dejar el siguiente para otro día.

Pocos cuentos, pero de calidad. Esta época del niño dura relativamente poco, y sus ganas por repetir el mismo cuento harán que no sea necesario tener una gran colección. Por eso es especialmente importante que los escogidos sean buenos libros, con las características que hemos mencionado, pero variando de uno a otro su finalidad principal, tal y como vimos anteriormente.

Finalmente, una aclaración: el mejor libro para tu hijo podría no cumplir ninguna de estas guías, porque sólo tú sabes con qué libro tú y tu hijo os uniréis más y convertiréis ese momento en el mejor momento del día para el niño. Y siendo así, el objetivo de asociar la felicidad a tener un libro entre manos, estará siempre asegurado

¿HAS PENSADO REGALAR UN LIBRO?

Los libros son el mejor juguete, alimentan el cerebro del niño y pueden educar mucho más que la mayoría de los juguetes.
Pero como no todos los libros son iguales, aquí te dejamos una pequeña selección de libros para niños con los que no fallarás.
Todos cumplen las guias que expusimos sobre "Como comprar libos para niños"

¡Alarma en la Jungla!

Un simpático y original cuento de animales que encantara a los mas chiquitos, mientras estimula la atención y facilita aprender a contar
Edad recomendada:
Para niños que aún no saben leer. Entre 2 y 4 años
Autor:
John O'Leary. Adaptación de Fina Palomares
Motivos para recomendarlo:

Este libro es especialmente indicado para los niños que empiezan a entender el lenguaje aunque no lo hablen con soltura. Excelente su forma de estimular la atención a las formas y colores, y la expectación, pues al pasar la página esperan un pequeño susto. También son útiles sus actividades añadidas para contar y buscar.

Como deben ser los libros para niños de esta edad, es grande, resistente, con muy poco texto y cortito, cuya duración se puede adaptar muy fácilmente a la hora de contarlo. Un cuento de cabecera con el que los niños se siente muy cómodos y que querrán repetir durante semanas


Resumen del libro:

El libro trata sobre las aventuras de un grupo de monos en la selva, que se enfrentan a diferentes amenazas, como serpientes, elefantes, etc... que estaban confundidos como parte del paisaje anterior y que aparecen al pasar la hoja dando un buen susto a los monos. Con cada susto y amenaza desaparece uno de los monos, aunque al final los monos serán quienes den un buen susto a las fieras... :-)



Beau Geste


Un fascinante libro de aventuras para jóvenes y adolescentes, donde el honor, el sacrificio, la nobleza y otros valores se unen en una historia que engancha y apasiona de principio a fin.

Edad recomendada:
Adolescentes y jóvenes

Autor:
P.C. Wren

Motivos para recomendarlo:

"Beau Geste" es el primer libro de una excelente trilogía de aventuras (desgraciadamente las otras dos partes, "Beau Sabreur" y "Beau Ideal" son algo más difíciles de encontrar, aunque son historias independentes que comparten algunos personajes. Ambientado en el desierto y la legión, es un apasionante relato de aventuras en un ambiente heroico, donde se exaltan los grandes valores como la amistad, la lealtad y el sacrificio.

Más del gusto de los chicos que de las chicas, este libro está especialmente recomendado para jóvenes con cierto espíritu idealista y soñador, pues muestra modelos de conducta a seguir cuyos actos quedarán muy afianzados en su mente.

Aunque no llega a ser uno de esos libros que todo el mundo debería leer (por eso es algo menos conocido), es una excelente novela de aventuras que actúa como ancla a los grandes valores en esa edad tan difícil que es la adolescencia.


Resumen del libro:

Es difícil resumir Beau Geste sin afectar a una trama llena de sorpresas. Es una historia de aventuras y heroicidad en el desierto, de batallas y asedios en pequeños fuertes. Allí se encuentra la legión extranjera, donde se alistan personajes de muy diversa condición... Pero no todo es desierto y guerra, y la trama merece la pena

Ladrón de gallinas

Un libro sin palabras para animar a la lectura, donde todo el esfuerzo narrativo lo pone el niño en base a las ilustraciones. Divertido original, a los pequeños les encantará ser "esta vez" los que "lean" el cuento

Edad recomendada:
Desde los 2-3 años, hasta los 6

Autor:
Beatrice Rodirguez

Motivos para recomendarlo:

Un cuento muy original, ya que no incluye texto, pero tiene una historia muy claramente expresada en sus ilustraciones, que permite seguir su desarrollo y narrarlo.
Estupendo para la estimulación del habla y el vocabulario de los niños, y para empezar temprano con un libro en las manos, incluso antes de saber leer. Estupendo para esa difícil etapa de la autoafirmación del niño hacia los 2-3 años, ya que le permitirá dirigir la situación y encauzar su independencia al desarrollo de la historia.
Su formato y características son los adecuados a esta edad, y a los niños les encantará.


Resumen del libro:

Un zorro rapta una gallina y huye, iniciándose una persecución a lo largo de todo el cuento y sus grandes ilustraciones, llena de alternativas y sorpresas, porque al final, las cosas no son lo que parecen. Aunque no tenga texto, los dibujos son muy expresivos.

Momo


Un libro único, profundo, que desborda imaginación y realidad al mismo tiempo, con grandes dosis de humanidad y valores; la clase de libros que pocos niños olvidan.

Edad recomendada:
Niños y niñas que lean con soltura. A partir de 9-10 años

Autor:
Michael Ende
Motivos para recomendarlo:

Momo es un libro inclasificable y genial. Una historia verdaderamente creativa, a veces desconcertante, pero llena de simplicidad; una excelente forma de animar a los niños a cuestionarse el mundo y sus prisas, y poner primero lo más importante. Momo es ya un clásico de la literatura infantil, y para muchos, una especie de despertador. Todos, niños y mayores, deberían leer la historia de esta dulce niña que sin que nadie se lo haya explicado sabe perfectamente cuáles son las cosas que merecen la pena, como la amistad, la bondad y las cosas sencillas. Es de las que no se olvidan.


Resumen del libro:

Momo es la historia de una niña especial, sencilla y callada, y de su resistencia a los hombres grises, unos personajes vacíos que acaban con todo lo que merece la pena bajo el creíble pretexto de que es fundamental "ahorrar tiempo". Momo no cederá a sus presiones y será la única en mantenerse fuera del juego, en seguir gastando el tiempo con cosas sencillas y bellas. Pero finalmente tendrá que hacerles frente...



Blanca por dentro


Motivos para recomendarlo:

"Blanca por Dentro" es el tercero de una serie de libros ("Oro Parece, Plata no es,Blanca por Dentro, Verde por Fuera y Noche de Miedo") de adivinanzas escondidas entre unas cuidadas y amplias ilustraciones. Aunque todos son muy recomendables, dependiendo de los gustos de cada niño, hemos escogido "Blanca por Dentro" porque el tema conductor de cada ilustración y sus adivinazas es un cuento tradicional.

De esta forma, mientras se ponen a prueba la comprensión de las palabras, y la atención a los dibujos para leer las respuestas, las historias de los cuentos sirven de argumento a las adivinanzas, creando una asociación que facilita las funciones de aprendizaje y memoria.
Es un libro que cumple con las características de aquellos a quienes va dirigido: grande, resistente, con buenas ilustraciones con detalles para ejercitar la atención visual. Cada una de las ilustraciones, y sus 6 adivinanzas, tiene la duración perfecta para ser completado en la lectura de una noche.
El libro cuenta, además, con un índice y una parte final de soluciones especialmente cuidadas y comprensibles por los niños, que los animarán a moverse por las páginas de un libro de forma ordenada.
En definitiva, dentro del amplio abanico de libros para niños, este destaca por su versatilidad y originalidad, y lo recomiendo sin dudar.


Resumen del libro:

El libro consta de 16 ilustraciones de gran tamaño(cada una ocupa las dos páginas de un libro grande) relativas a otros tantos cuentos tradicionales, y acompañadas por seis adivinanzas relativas al cuento. En la parte final se incluyen miniaturas de las ilustraciones con las soluciones a las adivinanzas.
También incluye en cada ilustración detalles para buscar, un estímulo excelente para la atención.

Edad recomendada:
Para niños que aún no leen o aún leen textos cortos

Autor:
Antonio Gomez Yebra (textos) y Violeta Monreal (ilustraciones)


El libro negro de los colores

Motivos para recomendarlo:

Este es un libro totalmente distinto a todos los demás, un torrente de originalidad que trata de explicar cómo ven los colores aquellos que no pueden verlos.
No sólo es un libro, precioso, muy cuidado y extremadamente creativo; también sirve para sensibilizar a los niños respecto a aquellos que tienen alguna discapacidad o problema de una forma inclusiva, alegre y positiva.
Para quienes gustamos de hacer regalos más originales, una apuesta segura.


Resumen del libro:

Tomás no puede ver los colores. Estos son para él miles de sabores, olores, sonidos y emociones. Desde la oscuridad de sus ojos, Tomás nos invita a descubrir los colores sin verlos.
El Libro negro de los colores es una obra singular sobre la percepción del color y merecedora del primer premio en la categoría Nuevos Horizontes otorgado por la Feria del libro infantil de Bologna 2007.

La historia interminable

Motivos para recomendarlo:

La historia de Bastian ha sido para muchos niños en el mundo su primer "gran libro". Cierto es que hay que esperar a que el niño o la niña estén preparados para poder leerlo sin abandonar: que tengan soltura al leer, que no sea por obligación, que se les alimente la curiosidad... pero cuando lo lean, les atrapará de tal forma, que los libros habrán ganado para siempre en su cabeza y en su corazón.

Es además de un libro lleno de fantasía que conecta perfectamente con la mente de los chicos adolescentes (la incomprensión y aislamiento de Bastian, así como sus ganas de evasión, son típicos de esta edad), un canto a los grandes valores como la amistad, el sacrificio y la generosidad.

Es, en definitiva, uno de esos libros que hay que leer en la vida, y si se hace durante la adolescencia, mucho mejor.


Resumen del libro:

El Reino de Fantasía está en un serio peligro: corre el riesgo de desaparecer. Pero los habitantes de éste no pueden hacer nada por evitar el mal que se cierne sobre ellos. Bueno, hay algo, o mejor dicho, alguien que sí que podría ayudarles. Un niño llamado Bastián. Un niño que no es de su universo, y que se encuentra al otro lado de su mundo, en la realidad. A él recurren y sin pensárselo mucho el pequeño se adentrará en una maravillosa aventura que cambiará para siempre su vida y la de sus nuevos compañeros de fatigas: Atreyu, un valiente guerrero con la piel verde, y un dragón de la suerte volador

Edad recomendada:
Desde los que ya van siendo grandes lectores... y hasta los 100 años

Autor:
Micheal Ende

Gotita de agua copito de nieve

Había una vez una gotita de agua que soñaba on llegar a convertirse en nieve y cubrir de blanco las praderas del campo. Pasaron años hasta que una gran sequía bajó tanto el nivel de agua del lago en que vivía que nuestra gotita se evaporó, subiendo arriba, arriba, hasta el cielo. Allí formaba parte de una pequeña nube, y en cuento hizo un poco de frío, buscó la primera campiña para dejarse caer y cubrirla de nieve.

Pero sólo era un copito de nieve, y en cuanto tocó el suelo, apenas pasaron unos segundos antes de derretirse de nuevo, y allí le tocó esperar otra vez hasta que los rayos de sol volvieron a llevarla de viaje hasta una nube blanca y regordeta. Allí, sin desanimarse por su primer fracaso, la gota volvió dejarse nevar en cuanto pudo, pero nuevamente, al cabo de unos pocos segundos se había derretido completamente.

Varias veces volvió a evaporarse, otras tantas se transformó en copito de nieve, y las mismas veces fracasó en su intento de cubrir los campos y laderas de las montañas. Finalmente, fue a parar a una gran nube, donde millones de gotitas de agua se agolpaban. A pesar de ser gigantesca, en aquella nube se estaba bastante incómodo, pues unas cuantas gotas parecían dar órdenes a todo el mundo, y las obligaban entre un gran jaleo a apretujarse mucho:
- ¡las gotas más grandes abajo!, ¡las ligeras arriba!. ¡Venga, venga, venga! no hay tiempo que perder....

Entonces pensó en dejarse caer de nuevo, pero una gotita simpática y divertida, la frenó diciendo:

- ¡¿Dónde vas?! ¿Es que no quieres partipar?

Y al ver el gesto de sorpresa de nuestra gotita, le explicó que se estaban preparando para una gran nevada.

- A todas las gotitas que estamos aquí nos encanta ser copitos de nieve durante muchos días, por eso nos hemos juntado en esta nube. Hace años, intenté varias veces nevar por mi cuenta, hasta que descubrí que no podría hacerlo sola. Y encontré esta nube genial, donde todas ayudamos un poquito, y gracias a todos esos poquitos hemos conseguido hacer ¡las mejores nevadas del mundo!

Poco después ambas gotitas volaban por el cielo en forma de copos de nieve, rodeadas de millones y millones de copos que cubrieron las verdes praderas de blanco. Y con inmensa alegría comprobó nuestra gotita, que cuando todos colaboran puede conseguirse hasta lo que parece más imposible.

Una puerta al mundo

Alberto era un niño que se moría por los ordenadores y los juegos. Podía pasar horas y horas delante de la pantalla y, a pesar de que sus padres no creían que fuera posible, él disfrutaba de verdad todo aquel tiempo de juego. Casi no se movía de la silla, pero cuando se lo decían, cuando otros le animaban a dejar aquello y conocer el mundo, él respondía: "ésta es mi puerta al mundo, aquí hay mucho más de lo que pensáis".

De entre todos sus juegos, había uno que le gustaba especialmente. En él guiaba a un personaje recogiendo tortuguitas por infinidad de niveles y pantallas. En aquel juego era todo un experto; posiblemente no hubiera nadie en el mundo que hubiera conseguido tantas tortuguitas, pero él seguía queriendo más y más y más....

Un día, al llegar del cole, todo fue diferente. Nada más entrar corrió como siempre hacia su cuarto, pero al encender el ordenador, se oyeron unos ruidos extraños, como de cristales rotos, y de pronto se abrió la pantalla del monitor, y de su interior empezaron a surgir decenas, cientos y miles de pequeñas tortuguitas que llenaron por completo cada centímetro de la habitación. Alberto estaba inmóvil, sin llegar a creer que aquello pudiera estar pasando, pero tras pellizcarse hasta hacerse daño, apagar y encender mil veces el ordenador, y llamar a sus padres para comprobar si estaba soñando, resultó que tuvo que aceptar que ese día en su casa algo raro estaba sucediendo.

Sus padres se llevaron las manos a la cabeza al enterarse, pero viendo que las tortuguitas no iban más allá de la habitación de Alberto, pensaron que sería cosa suya, y decidieron que fuera él quien las cuidara y se hiciera cargo de ellas.
Cuidar miles de tortuguitas de un día para otro, y sin haberlo hecho nunca, no era tarea fácil. Durante los días siguientes Alberto se dedicó a aprender todo lo relativo a las tortugas; estudió sus comidas y costumbres, y comenzó a ingeniárselas para darles de comer. También trató de engañarlas para que dejaran su cuarto, pero no lo consiguió, y poco a poco fue acostumbrándose a vivir entre tortugas, hasta el punto de disfrutar con sus juegos, enseñarles trucos y conocerlas por sus nombres, a pesar de que conseguir tanta comida y limpiar todo el día apenas le dejaba tiempo libre para nada. Y todos, tanto sus padres como sus amigos y profesores, disfrutaban escuchando las historias de Alberto y sus muchos conocimientos sobre la naturaleza.

Hasta que llegó un día en que no se acordaba de su querido ordenador. Realmente disfrutaba más viviendo junto a sus tortugas, aprendiendo y observando sus pequeñas historias, saliendo al campo a estudiarlas, y sintiéndose feliz por formar parte de su mundo. Ese mismo día, tal y como habían venido, las tortuguitas desaparecieron. Al saberlo, sus padres temieron que volviera a sus juegos, cuando era mucho más triste y gruñón, pero no fue así. Alberto no soltó una lágrima, ni perdió un minuto buscando tortugas entre los cables y chips del ordenador, sino que tomando la hucha con sus ahorros, salió como un rayo a la tienda de mascotas. Y de allí volvió con una tortuga, y algún que otro animal nuevo, a quien estaba dispuesto a aprender a cuidar.
Y aún hoy Alberto sigue aprendiendo y descubriendo cosas nuevas sobre la naturaleza y los animales, incluso utilizando el ordenador, pero cada vez que alguien le pregunta, señala a sus animalitos diciendo, "ellos sí que son mi puerta la mundo, y en ellos hay mucho más de lo que pensáis".

El cantor de opera

A la pequeña ciudad de Chiquitrán llegó un día en tren llevando una gran maleta un tipo curioso. Se llamaba Matito, y tenía una pinta totalmente corriente; lo que le hacía especial es que todo lo que hablaba, lo hacía cantando ópera. Daba igual que se tratara de responder a un breve saludo como "buenos días"; él se aclaraba la voz y respondía:

- Bueeeeenos diiiiiiias tenga usteeeeeeeed.

Y la verdad, a casi todo el mundo se le hacía bastante pesadito el tal Matito. Nadie era capaz de sacarle una palabra normal, y como tampoco se sabía muy bien cómo se ganaba la vida y vivía bastante humildemente, utilizando siempre su mismo traje viejos de segunda mano, a menudo le trataban con desprecio, burlándose de sus cantares, llamándole "don nadie", "pobretón" y "gandul".
Pasaron algunos años, hasta que un día llegó un rumor que se extendió como un reguero de pólvora por toda la ciudad: Matito había conseguido un papel en una ópera importantísima de la capital, y todo se llenó con carteles anunciando el evento. Nadie dejó de ver y escuchar la obra, que fue un gran éxito, y al terminar, para sorpresa de todos en su ciudad, cuando fue entrevistado por los periodistas, Matito respondió a sus preguntas muy cortésmente, con una clara y estupenda voz.

Desde aquel día, Matito dejó de cantar a todas horas, y ya sólo lo hacía durante sus actuaciones y giras por el mundo. Algunos suponían por qué había cambiado, pero otros muchos aún no tenían ni idea y seguían pensando que estaba algo loco. No lo hubieran hecho de haber visto que lo único que guardaba en su gran maleta era una piedra con un mensaje tallado a mano que decía: "Practica, hijo, practica cada segundo, que nunca se sabe cuándo tendrás tu oportunidad", y de haber sabido que pudo actuar en aquella ópera sólo porque el director le oyó mientras compraba un vulgar periódico.

El inventor de monstruos

Ramoncete no quería aprender a leer. Tantas letras juntas le parecía un aburrimiento enorme, y no terminaba de entender por qué todos los mayores y muchos otros niños, disfrutaban tanto con la lectura.

Él miraba las letras y no veía nada interesante, a él que tanto le gustaban las historias de monstruos y bichos terribles. Un día paseaba por la tienda de disfraces de don Mostrocho. Le encantaba aquella tienda, porque don Mostrocho era capaz de inventar los monstruos más alucinantes, y cada año tenía muchos nuevos monstruos, ¡con lo difícil que era sólo inventar uno nuevo! Aquel día el dueño de la tienda leía, y a Ramoncete le llamó la atención:

- ¿Por qué lee tanto? ¡si los libros no dicen nada interesante!

- ¿Cómo que no? - respondió don Mostrocho.

- Pues claro, no dicen nada de monstruos ni bichos- añadió el chaval.

- ¡No puedo creerlo! - exclamó sorprendido el tendero- ¿Aún no te he contado mi secreto?

Entonces don Mostrocho tomó el libro que estaba leyendo y se lo enseñó a Ramoncete.

- ¿Qué ves aquí?

El niño comenzó a leer con cierta dificultad y desgana.

- ¡No, no! , así no. Tienes que mirarlo todo. Si quieres puedes alejártelo un poco, o incluso darle la vuelta. ¿No ves algo diferente?

Al momento Ramoncete lo vio: ¡las líneas y letras de aquella página formaban un gran dibujo que le recordaba a un dinosaurio!, y una enorme sonrisa se dibujó en su cara. Comenzó a pasar las hojas y descubrió muchas otras figuras en cada página, según se largaban y acortaban las líneas, al derecho, de lado y al revés, y sin dejar de imaginarse que podían ser monstruos, animales o fantasmas...

- Ahora ya sabes cómo invento tantos monstruos- dijo don Mostrocho guiñándole un ojo.- Lo único que tienes que hacer es leer la página, y luego mirarla para descubrir el monstruo que esconde. ¿Sabías que casi todas tienen algo especial? sólo hay que saber verlo.

Ramoncete se despidió ilusionado con su nuevo descubrimiento, y desde aquel momento era raro no encontrarle con un libro en la mano, buscando las figuras que escondía, y sin siquiera darse cuenta de las miles de cosas nuevas que aprendía, cada día, a través de sus libros.

Y tú ¿has encontrado algo escondido en este cuento?... y no olvides que puedes darle la vuelta :-)

El payaso descuidado

Había una vez un payaso llamado Limón. Era muy divertido, pero también muy descuidado, y con casi todo lo que hacía terminaba rompiéndose la chaqueta, o haciéndose un agujero en el calcetin, o destrozando los pantalones por las rodillas. Todos le pedían que tuviera más cuidado, pero eso era realmente muy aburrido, así que un día tuvo la feliz idea de comprarse una máquina de coser de las buenas. Era tan estupenda que prácticamente lo cosía todo en un momento, y Limón apenas tenía que preocuparse por cuidar las cosas.

Y así llegó el día más especial de la vida de Limón, cuando todos en su ciudad le prepararon una fiesta de gala para homenajearle. Ese día no tendría que llevar su colorido traje de payaso, ese día iría como cualquier otra persona, muy elegante, con su traje, y todos hablarían de él. Pero cuando aquella noche fue a buscar en su armario, no tenía ni un solo traje en buen estado. Todos estaban rotos con decenas de cosidos, imposibles para presentarse así en la gala.
Limón, que era rápido y listo, lo arregló presentándose en la gala vesido con su traje de payaso, lo que hizo mucho gracia a todos menos al propio limón, que tanto había soñado con ser él por una vez el protagonista de la fiesta, y no el payaso que llevaba dentro...

Al día siguiente, muy de mañana, Limón sustituyó todos sus rotos trajes, y desde entonces, cuidaba las cosas con el mayor esmero, sabiendo que poner un remedio tras otro, terminaría por no tener remedio.

Jamina la jirafa

En la selva de Chin Pum, todo era paz y alegría hasta que llegó Jamina. Jamina era una jirafa altísima, con el cuello largo y flexible como un bambú, que apareció un día cualquiera para acabar por enfadar a todos, pues era el animal más curioso e indiscreto que nadie había conocido, y gracias a su altura no había guarida o nido de animales que escapase a sus miradas.
Todo lo miraba y todo lo contaba, irritando a cuantos allí vivían, hasta que consiguió poner a todos de acuerdo para darle una lección.

Por aquella época el gran Manuato, el mono más importante, decidió trasladarse a unas antiguas ruinas, y arregló todo aquello para que fuese la casa más acogedora. Jamina no pudo contener su curiosidad, y disimuladamente una noche se acercó a la ventana. Por ella pudo ver al mono el tiempo justo para ver cómo salía de la habitación, así que le siguió hasta otra pequeña estancia, pero tampoco llegaba a ver bien, y tuvo que seguirle con la cabeza por uno de los pasillos, y luego otra habitación, y luego otra.... Hasta que Jamina no pudo seguirle más ¡Manuato había dado tantas vueltas, que la jirafa tenía ahora un enorme enredo en su largo cuello!

Entonces todo el resto de animales, conocedores del engaño, aparecieron para hacer ver a la arrepentida jirafa lo irritante de su comportamiento. Y ante la vergüenza que ella misma sintió, decidió que a partir de entoces dedicaría su largo cuello a cosas más útiles que tratar de avergonzar a los demás.

El tesoro de Barba Iris

Según contaba la leyenda, Barba Iris había sido el pirata de las golosinas más increíble que había existido nunca. Durante años asaltó cientos de tiendas de golosinas y según decían, en algún lugar perdido almacenaba el mayor tesoro que ningún niño podría imaginar. Por eso, cuando Toni y sus amigos encontraron un extraño y antiguo cofre con lo que parecía ser un mapa de un tesoro para niños, se llenaron de emoción y se prepararon para la gran búsqueda del tesoro de Barba Iris.

Así, siguiendo las pistas, llegaron hasta una cueva oculta junto al lago, donde encontraron otro pequeño cofre. En él encontraron unas pocas golosinas, un gran cartel con la letra D, y otro mapa con más instrucciones para encontrar el tesoro, que les ayudó a superar la decepción inicial de pensar que no se tratara de un gran tesoro. Toni y los demás consiguieron descifrar el mapa, para lo que necesitaron algunos días y leer unos cuantos libros, y así llegaron hasta un gran árbol hueco en medio de un gran bosque, donde volvieron a encontrar un cofre con algunas golosinas, un nuevo mapa, y una hoja con la letra O.
Entre muchas aventuras encontraron dos cofres más con sus golosinas, sus mapas y las letras C y B. Pero el último mapa era un tanto extraño. Más que un mapa, parecían unas instrucciones bastante incomprensibles:

"Al tesoro ya has llegado
pero tendrás que encontrarlo;
si juntas un buen retrato
del hijo de tus abuelos,
y lo pones justo al lado
de la hija de tus yayos,
si luego añades las letras
que cada tesoro ha dado
se desvelará el secreto
que lleva tanto guardado.
Ese que acerca tus sueños
para poder alcanzarlos."

Mucho tiempo discutieron sobre el significado del enigma, y sólo consiguieron ponerse de acuerdo en que el mensaje hablaba de las fotos de unos padres, pero no alcanzaban a entender el resto. Hasta uno de los numerosos días que discutían sobre el asunto en el salón de casa de Toni, mirando como siempre aquellas cuatro letras. Alex, distraído, miraba la foto de los padres de Toni que había sobre la mesa, y entonces dio un salto:

- ¡¡Lo tengo!!

Todos le miraron con interés, pero en lugar de hablar, Alex se acercó a la mesa. Reordenó las letras y al final acercó la foto de los padres de Toni.

- O... B... D.. C..... ¡obedece a tus padres! - gritaron todos a la vez.

Y aunque no hubo millones de golosinas, todos estaban dispuestos a seguir aquel gran consejo. ¡¡Cómo no iban a hacerlo, si se trataba del mismísimo tesoro del pirata Barba Iris!!

La fiesta de los deberes

"¡Carloooos, ponte de una vez a hacer los deberes!" Hala, ya estaba su madre dando gritos. Carlos pensaba, "cómo se nota que no los tiene que hacer ella, con lo aburridos que son", y se sentaba durante horas delante del libro, esperando que pasara el tiempo y llegara la hora de la cena. Un día cualquiera, estaba sumido en su habitual búsqueda de musarañas por el techo de su habitación, cuando unos pequeños elfos, de no más de un centímetro de altura, aparecieron por la ventana.
- Buenas tardes, chico grandullón ¿nos dejas tus deberes para jugar? -preguntó uno de ellos cortésmente.

Carlos se echó a reir.

- ¡cómo vais a jugar con unos deberes, pero si son lo más aburrido que hay!. Ja, ja, ja... Tomad, podéis jugar con ellos todo el rato que queráis.

El niño se quedó observando a sus invitados, y no salía de su asombro cuando vio la que montaron. En menos de un minuto habían hecho varios equipos y se dedicaban a jugar con el lápiz y la goma, el libro y el cuaderno. La verdad es que hacían cosas muy raras, como con los cálculos de matemáticas, donde para escribir los números dejaban fijo el lápiz y sólo movían el cuaderno, o como cuando hacían competiciones para la suma más rápida: cada grupo se disfrazaba de forma distinta, unos de Papá Noel, otros de calabaza de Halloween, otros de bolas de queso, y en cuanto terminaban paraban el reloj; el que ganaba tenía derecho a incluir su dibujito en el cuaderno, que acabó lleno de gorros de Papá Noel y calabazas. También eran muy graciosos estudiando la lección: utilizaban canciones famosas y les ponían la letra de lo que tenían que aprenderse, y luego ¡organizaban un gran concierto con todas las canciones!
Carlos disfrutó de lo lindo viendo a aquellos diminutos estudiantes, y hasta terminó cantando sus canciones. Pero el tiempo pasó tan rápido que enseguida su mamá le llamó para cenar.

- Vaya, ¡qué rollo!. Con lo divertido que es esto...- gruñó mientras se despedía.
- ¡Claro que es divertido!, ya te lo dije; ¿por qué no pruebas unos días a hacerlo tú? nosotros vendremos a verte de vez en cuando.
- ¡Hecho!

Así Carlos empezó a jugar con sus deberes cada tarde, cada vez con formas más locas y divertidas de hacer los deberes, siempre disfrazándose, cantando y mil cosas más; y de vez en cuando coincidía y jugaba con sus amigos los elfos, aunque realmente no sabía si habían salido de la ventana o de su propia imaginación...
Y ni su mamá, ni su papá, ni sus profesores, ni nadie en todo el colegio podían creerse el gran cambio. Desde aquel día, no sólo pasaba muchísimo más tiempo haciendo los deberes, sino que los traía perfectos y llenos de dibujos, estaba muy alegre y no paraba de cantar. Su mamá le decía lo orgullosa que estaba de que se esforzase tanto en hacer unos deberes que sabía que era tan aburridos, pero Carlos decía para sus adentros "cómo se nota que no los hace ella, con lo divertidos que son".

El hada y la sombra

Hace mucho, mucho tiempo, antes de que los hombres y sus ciudades llenaran la tierra, antes incluso de que muchas cosas tuvieran un nombre, existía un lugar misterioso custodiado por el hada del lago. Justa y generosa, todos sus vasallos siempre estaban dispuestos a servirle. Y cuando unos malvados seres amenazaron el lago y sus bosques, muchos se unieron al hada cuando les pidió que la acompañaran en un peligroso viaje a través de ríos, pantanos y desiertos en busca de la Piedra de Cristal, la única salvación posible para todos.

El hada advirtió de los peligros y dificultades, de lo difícil que sería aguantar todo el viaje, pero ninguno se asustó. Todos prometieron acompañarla hasta donde hiciera falta, y aquel mismo día, el hada y sus 50 más leales vasallos comenzaron el viaje. El camino fue aún más terrible y duro que lo había anunciado el hada. Se enfrentaron a bestias terribles, caminaron día y noche y vagaron perdidos por el desierto sufriendo el hambre y la sed. Ante tantas adversidades muchos se desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a medio camino, hasta que sólo quedó uno, llamado Sombra. No era el más valiente, ni el mejor luchador, ni siquiera el más listo o divertido, pero continuó junto al hada hasta el final. Cuando ésta le preguntaba que por qué no abandonaba como los demás, Sombra respondía siempre lo mismo "Os dije que os acompañaría a pesar de las dificultades, y éso es lo que hago. No voy a dar media vuelta sólo porque haya sido verdad que iba a ser duro".

Gracias a su leal Sombra pudo el hada por fin encontrar la Piedra de Cristal, pero el monstruoso Guardián de la piedra no estaba dispuesto a entregársela. Entonces Sombra, en un último gesto de lealtad, se ofreció a cambio de la piedra quedándose al servicio del Guardián por el resto de sus días...

La poderosa magia de la Piedra de Cristal permitió al hada regresar al lago y expulsar a los seres malvados, pero cada noche lloraba la ausencia de su fiel Sombra, pues de aquel firme y generoso compromiso surgió un amor más fuerte que ningún otro. Y en su recuerdo, queriendo mostrar a todos el valor de la lealtad y el compromiso, regaló a cada ser de la tierra su propia sombra durante el día; pero al llegar la noche, todas las sombras acuden el lago, donde consuelan y acompañan a su triste hada.

Un Halloween diferente

Hace mucho tiempo, la mayoría de los monstruos eran seres simpáticos y golosos, tontorrones y peludos que vivían felizmente en su monstruoso mundo. Hablaban y jugaban con los niños y les contaban cuentos por las noches. Pero un día, algunos monstruos tuvieron una gran discusión por un caramelo, y uno se enfadó tanto que sus furiosos gritos hubieran asustado a cualquiera. Y entre todos los que quedaron terriblemente asustados, las letras más miedosas, como la L, la T y la D, salieron corriendo de aquel lugar. Como no dejaron de gritar, las demás letras también huyeron de allí, y cada vez se entendían menos las palabras de los monstruos. Finalmente, sólo se quedaron unas pocas letras valientes, como la G y la R , de forma que en el mundo de los monstruos no había forma de encontrar letras para conseguir decir algo distinto de " GRRR!!!", "AAAARG!!!" u "BUUUUH!!!". A partir de aquello, cada vez que iban a visitar a alguno de sus amigos los niños, terminaban asustándoles; y con el tiempo, se extendió la idea de que los monstruos eran seres terribles que sólo pensaban en comernos y asustarnos.

Un día, una niña que paseaba por el mundo de los monstruos buscando su pelota, encontró escondidas bajo unas hojas a todas las letras, que vivían allí dominadas por el miedo. La niña, muy procupada, decidió hacerse cargo de ellas y cuidarlas, y se las llevó a casa. Aquella era una niña especial, pues aún conservaba un amigo monstruo muy listo y simpático, que al ver que nada de lo que decía salía como quería, decidió hacerse pasar por mudo, así que nunca asustó a nadie y hablaba con la niña utilizando gestos. Cuando aquella noche fue a visitar a su amiga y encontró las letras, se alegró tanto que le pidió que se las dejara para poder hablar, y por primera vez la niña oyó la dulce voz del monstruo.

Juntos se propusieron recuperan las voces de los demás monstruos, y uno tras otro los fueron visitando a todos, dejándoles las letras para que pudieran volver a decir cosas agradables. Los monstruos, agradecidos, les entregaban las mejores golosinas que guardaban en sus casas, y así, finalmente, fueron a ver a aquel primer monstruo gruñón que organizó la discusión. Estaba ya muy viejecito, pero al ver las letras, dio un salto tan grande de alegría que casi se le saltan los huesos. Y mirando con ternura las asustadas letras, escogió las justas para decir "perdón". Debía llevar esperando años aquel momento, porque enseguida animó a todos a entrar en su casa, donde todo estaba preparado para grandísima fiesta, llena de monstruos, golosinas y caramelos. Como que las que se hacen en Halloween hoy día; qué coincidencia, ¿verdad?

Las moneadas encantadas

Hubo una vez un hombre bondadoso y rico que al cumplir muchos años pensó dejar a cargo de sus cosas a algún joven inteligente y honesto. Comentando un día su decisión y las ganas que tenía de no equivocarse en la elección, un buen amigo le dio este consejo:

- La próxima vez que vendas algo, cuando des el dinero del cambio, entrega como por descuido la moneda del menor valor. Aquel que te la devuelva sabrás que es honrado.

El hombre rico agradeció mucho el consejo, y pensando que era una buena idea y fácil de realizar, decidió ponerla en práctica. No contaba con que uno de los presentes, un vecino que se hacía pasar por amigo pero en verdad le envidiaba enormemente, contrató los favores de un hechicero, a quien encargó encantar las pequeñas monedas que poseía el anciano de modo que cualquiera que mirase una de aquellas monedas tocadas por él, viera en ella no una moneda corriente, sino aquello que más quería en el mundo. Confiaba el malvado en que nadie devolviera la moneda y el viejo se desesperase, y entonces dejase a un sobrino suyo administrar todos sus negocios.

Todo resultó según lo planeado por el envidioso comerciante, y ni uno solo de los que hablaron con el anciano fue capaz de devolver la triste moneda: unos veían en ella el mayor diamante o piedra preciosa, otros una obra de arte, otros una reliquia y algunos incluso una pócima curativa milagrosa. Medio rendido en su intento por encontrar alquien honrado, su envidioso vecino aprovechó para enviar al sobrino advirtiéndole cuidadosamente para que devolviese la moneda. El sobrino fue decidido a hacerlo, pero al recibir la moneda, vio en ella todas las posesiones y títulos de su tío, y creyendo que todo lo que le había contado su tío era un engaño, marchó con su inútil moneda y su avaricia hacia ninguna parte, pues cuando su tío se enteró de la traición lo despidió para siempre.

El anciano, deprimido y enfermo, decidió llamar a sus sirvientes antes de morir, y les entregó algunos bienes para que pudieran vivir libremente cuando él no estuviera. Entre ellos se encontraba uno muy joven aún, al que entregó una de aquellas pequeñas monedas por error. El joven, criado a la sombra de aquel justo y sabio señor a quien quería como un padre, vio en lugar de la moneda una poderosa medicina que curaría al anciano señor, pues aquello era de veras lo que más quería en el mundo, y según la vio, entregó la moneda de nuevo diciendo: "tomad, señor, esto es para vos; seguro que os sentará bien".
Efectivamente, aquella simple modena actuó como el más milagroso de los bálsamos, pues el anciano saltó de alegría al haber encontrado por fin alguien honrado, y le llenaba de gozo comprobar que siempre había estado en su propia casa.

Y así, el joven sirviente pasó a administrar con gran justicia, generosidad y honradez todos los bienes del anciano, quien siguió acompañándole y aconsejándole como a un hijo por muchos años.

Ganar o perder

Pepito odiaba perder a lo que fuera. Sus papás, maestros y muchos otros decían que no sabía perder, pero lo que pasaba de verdad es que no podía soportar perder a nada, ni a las canicas. Era tan estupendo, y se sentía uno tan bien cuando ganaba, que no quería renunciar a aquella sensación por nada del mundo; además, cuando perdía, era justo todo lo contrario, le parecía lo peor que a uno le puede ocurrir. Por eso no jugaba a nada que no se le diera muy bien y en lo que no fuera un fenómeno, y no le importaba que un juego durase sólo un minuto si al terminar iba ganando. Y en lo que era bueno, como el futbolín, no paraba de jugar.

Cuando llegó al colegio Alberto, un chico nuevo experto en ese mismo juego, no tardaron en enfrentarse. Pepito se preparó concentrado y serio, dispuesto a ganar, pero Alberto no parecía tomárselo en serio, andaba todo el rato sonriente y hacía chistes sobre todo. Pero era realmente un fenómeno, marcaba goles una y otra vez, y no paraba de reir. Estaba tan poco atento, que Pepito pudo hacerle trampas con el marcador, y llegó a ganar el partido. Pepito se mostró triunfante, pero a Alberto no pareció importarle: "ha sido muy divertido, tenemos que volver a jugar otro día".

Aquel día no se habló de otra cosa en el colegio que no fuera la gran victoria de Pepito. Pero por la noche, Pepito no se sentía feliz. Había ganado, y aún así no había ni rastro de la sensación de alegría que tanto le gustaba. Además, Alberto no se sentía nada mal por haber perdido, y pareció disfrutar perdiendo. Y para colmo al día sigiente pudo ver a Alberto jugando al baloncesto; era realmente malísimo, perdía una y otra vez, pero no abandonaba su sonrisa ni su alegría.

Durante varios días observó a aquel niño alegre, buenísimo en algunas cosas, malísimo hasta el ridículo en otras, que disfrutaba con todas ellas por igual. Y entonces empezó a comprender que para disfrutar de los juegos no era necesario un marcador, ni tener que ganar o perder, sino vivirlos con ganas, intendo hacerlo bien y disfrutando de aquellos momentos de juego.

Y se atrevió por fin a jugar al escondite, a hacer un chiste durante un partido al futbolín, y a sentir pena porque acabara un juego divertido, sin preocuparse por el resultado. Y sin saber muy bien por qué, los mayores empezaron a comentar a escondidas, "da gusto con Pepito, él sí que sabe perder"

La cabeza de colores

Esta es la increíble historia de un niño muy singular. Siempre quería aquello que no tenía: los juguetes de sus compañeros, la ropa de sus primos, los libros de sus papás... y llegó a ser tan envidioso, que hasta los pelos de su cabeza eran envidiosos. Un día resultó que uno de los pelos de la coronilla despertó de color verde, y los demás pelos, al verlo tan especial, sintieron tanta envidia que todos ellos terminaron de color verde. Al día siguiente, uno de los pelos de la frente se manchó de azul, y al verlo, nuevamente todos los demás pelos acabaron azules. Y así, un día y otro, el pelo del niño cambiaba de color, llevado por la envidia que sentían todos sus pelos.

A todo el mundo le encantaba su pelo de colores, menos a él mismo, que tenía tanta envidia que quería tener el pelo como los demás niños. Y un día, estaba tan enfadado por ello, que se tiró de los pelos con rabia. Un pelo delgadito no pudo aguantar el tirón y se soltó, cayendo hacia al suelo en un suave vuelo... y entonces, los demás pelos, sintiendo envidia, se soltaron también, y en un minuto el niño se había quedado calvo, y su cara de sorpresa parecía un chiste malo.

Tras muchos lloros y rabias, el niño comprendió que todo había sido resultado de su envidia, y decidió que a partir de entonces trataría de disfrutar de lo que tenía sin fijarse en lo de los demás. Tratando de disfrutar lo que tenía, se encontró con su cabeza lisa y brillante, sin un solo pelo, y aprovechó para convertirla en su lienzo particular.
Desde aquel día comenzó a pintar hermosos cuadros de colores en su calva cabeza, que gustaron tantísimo a todos, que con el tiempo se convirtió en un original artista famoso en el mundo entero.

Regalos de navidad

La Conferencia de Regalos de Navidad de aquel año estaba llena hasta la bandera. A ella habían acudido todos los jugueteros del mundo, y muchos otros que no eran jugueteros pero que últimamente solían asistir, y los que no podían faltar nunca, los repartidores: Santa Claus y los Tres Reyes Magos. Como todos los años, las discusiones tratarían sobre qué tipo de juguetes eran más educativos o divertidos, cosa que mantenía durante horas discutiendo a unos jugueteros con otros, y sobre el tamaño de los juguetes. Sí, sí, sobre el tamaño discutían siempre, porque los Reyes y Papá Noel se quejaban de que cada año hacían juguetes más grandes y les daba verdaderos problemas transportar todo aquello...

Pero algo ocurrió que hizo aquella conferencia distinta de las anteriores: se coló un niño. Nunca jamás había habido ningún niño durante aquellas reuniones, y para cuando quisieron darse cuenta, un niño estaba sentado justo al lado de los reyes magos, sin que nadie fuera capaz de decir cuánto tiempo llevaba allí, que seguro que era mucho. Y mientras Santa Claus discutía con un importante juguetero sobre el tamaño de una muñeca muy de moda, y éste le gritaba acaloradamente "¡gordinflón, que si estuvieras más delgado más cosas te cabrían en el trineo!", el niño se puso en pie y dijo:

- Está bien, no discutáis. Yo entregaré todo lo que no puedan llevar ni los Reyes ni papá Noel.

Los asistentes rieron a carcajadas durante un buen rato sin hacerle ningún caso. Mientras reían, el niño se levantó, dejó escapar una lagrimita y se fue de allí cabizbajo...

Aquella Navidad fue como casi todas, pero algo más fría. En la calle todo el mundo continuaba con sus vidas y no se oía hablar de todas las historias y cosas preciosas que ocurren en Navidad. Y cuando los niños recibieron sus regalos, apenas les hizo ilusión, y parecía que ya a nadie le importase aquella fiesta.

En la conferencia de regalos del año siguiente, todos estaban preocupados ante la creciente falta de ilusión con se afrontaba aquella Navidad. Nuevamente comenzaron las discusiones de siempre, hasta que de pronto apareció por la puerta el niño de quien tanto se habían reído el año anterior, triste y cabizbajo. Esta vez iba acompañado de su madre, una hermosa mujer. Al verla, los tres Reyes dieron un brinco: "¡María!", y corriendo fueron a abrazarla. Luego, la mujer se acercó al estrado, tomó la palabra y dijo:

- Todos los años, mi hijo celebraba su cumpleaños con una gran fiesta, la mayor del mundo, y lo llenaba todo con sus mejores regalos para grandes y pequeños. Ahora dice que no quiere celebrarlo, que a ninguno de ustedes en realidad le gusta su fiesta, que sólo quieren otras cosas... ¿se puede saber qué le han hecho?

La mayoría de los presentes empezaron a darse cuenta de la que habían liado. Entonces, un anciano juguetero, uno que nunca había hablado en aquellas reuniones, se acercó al niño, se puso de rodillas y dijo:

- Perdón, mi Dios; yo no quiero ningún otro regalo que no sean los tuyos. Aunque no lo sabía, tú siempre habías estado entregando aquello que no podían llevar ni los Reyes ni Santa Claus, ni nadie más: el amor, la paz, y la alegría. Y el año pasado los eché tanto de menos...perdóname.

Uno tras otro, todos fueron pidiendo perdón al niño, reconociendo que eran suyos los mejores regalos de la Navidad, esos que colman el corazón de las personas de buenos sentimientos, y hacen que cada Navidad el mundo sea un poquito mejor...

Dos niños inteligentes

Hubo una vez dos niños de una inteligencia y capacidad increíbles. Desde pequeños demostraron grandes habilidades, superando ampliamente a cuantos les rodeaban. También desde pequeños ambos se dieron cuenta de ello, y albergaban internamente el deseo de que en un futuro todos reconociesen su valía.

Los dos, sin embargo, crecían de forma distinta. El primero utilizó toda su habilidad e inteligencia para desarrollar una carrera meteórica y mostrar a todos su superioridad: participaba y vencía en todo tipo de concursos, frecuentaba todas las personas y lugares importantes y era magnífico haciendo amigos entre la gente influyente. Aún era muy joven cuando ya nadie dudaba de que algún día sería la persona más sabia e importante del país.

El segundo, sabedor también de sus capacidades, no dejaba de sentir una gran responsabilidad. Hacía casi cualquier cosa mejor que quienes le rodeaban, y se sentía obligado a ayudarles, así que apenas podía dedicar tiempo a sus sueños de grandeza, tan ocupado como estaba siempre buscando soluciones y estudiando nuevas formas de arreglarlo todo. Así que era una persona querida y famosa, pero sólo en su pequeña comarca.

Quiso el destino que una gran tragedia azotara aquel país, llenándolo de problemas y miseria. El primero de aquellos brillantes jóvenes nunca se había visto en una situación así, pero sus brillantes ideas se aplicaron con éxito en todo el país y consiguieron paliar un poco la situación. En cambio el segundo, acostumbrado a resolver todo tipo de problemas, y con unos conocimientos muy superiores, consiguió que en su región apenas se notara aquella tragedia. Ante aquel ejemplo tan admirable, en todas partes adoptaron sus soluciones, y su fama de hombre bueno y sabio se extendió aún más que la del primero, llegando pronto a ser propuesto y elegido para gobernar el país.

El primero de aquellos grandes hombres de increíble inteligencia comprendió entonces que la mejor fama y sabiduría es la que nace de las propias cosas que hacemos en la vida, de su impacto en los demás y de la exigencia por superarnos cada día. Cuentan que nunca más participó en concurso alguno ni volvió a hacer demostraciones vacías, y que desde entonces siempre iba acompañado por sus libros, dispuesto a echar una mano a todos.